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El Sevilla cayó derrotado ante el Tenerife en un ambiente infernal

El Sánchez Pizjuán fue un infierno para su propio equipo. 30.000 gargantas terminaron abroncando a todo lo que se movía. Antes, y durante todo el partido, un buen sector del público había recriminado a Suker, una protesta muy personal que castigaba los deseos del croata de largarse del equipo. La bronca hizo temblar a todo el equipo, convertido desde muy temprano en un manojo, de nervios a merced del Tenerife.A pesar de todo, Monchu levantó los ánimos con un gol por sorpresa. Disparó desde muy lejos y dejó a Ojeda con las manos haciendo hueco para recoger el balón. La espalda de César Gómez desvió la pelota a la escuadra. Un resorte activó entonces. la imaginación de los isleños.

El Tenerife llevó la excitación al Sánchez Pizjuán sólo después de verse por detrás en el marcador. Felipe, Juanele y Pinilla, a sus anchas, desperdiciaron suertes clarísimas después de que Chano hiciera el empate. El exbético enganchó un zurdazo inapelable que sentó a Unzué, convertido después en el héroe de la tarde por mor de su acierto en jugadas de riesgo clamoroso. El Tenerife perdonaba.

Cantatore optó por la fantasía de Latorre y recogió el fruto. A poco que el argentino entró en calor se fabricó una escapada letal. Sorteó a Unzué y se marchó más contento que unas pascuas. Hasta el minuto 86 esperó el Tenerife para solucionar la partida.

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