El fiscal del asesinato de Massieu paraliza el Congreso mexicano con sus acusaciones

La crisis que vive México, con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la Procuraduría General de la República (PGR) enzarzados en una batalla de acusaciones sobre el asesinato del ex número dos del partido oficial, José Francisco Ruiz Massieu, se agravó el martes. Las acusaciones del fiscal Mario Ruiz Massieu, encargado de averiguar quién está detrás del balazo que segó la vida de su hermano, de que el partido de Estado mexicano bloqueaba las pesquisas causaron tal escándalo que paralizaron el Senado y el Congreso.

El PRI se rasgó las vestiduras. Para colmo, el presidente Carlos Salinas se encontraba fuera del país. Tras la bofetada del subprocurador, el PRI, en el poder desde hace 65 años y nada acostumbrado a que una institución se le enfrente, puso en marcha toda la maquinaria para doblegar al rebelde. Mario Ruiz Massieu había declarado el lunes por la noche en televisión que el presidente del PRI, Ignacio Pichardo, y la secretaria general, María de los Ángeles Moreno, habían montado un "contubernio" para frenar sus investigaciones.La dirección del partido de Estado forzó por la mañana una reunión con Ruiz Massieu. Tras el encuentro, el subprocurador pareció plegarse ante la ira del PRI. En un comunicado, aseguró que estaba dispuesto a reunirse con el partido oficial para informarle previamente de sus averiguaciones y evitar discusiones en público. De forma un tanto alambicada, reconocía también que el enfrentamiento a la vista de todo el país dañaba y debilitaba a México. La paz parecía firmada. Sin embargo, durante todo el día, dirigentes del PRI en toda la República, incluyendo a los dos acusados públicamente, Pichardo y Moreno, exigieron a Ruiz Massieu que aportara pruebas o que retirase sus insinuaciones.

Ruiz Massieu no pudo contenerse. Llamó por teléfono a un noticiero de televisión de la noche, rompió la promesa hecha horas antes de no enfrentarse en público al PRI y dijo que si querían pruebas las tendrían.

Los observadores políticos interpretaban la actuación de Ruiz Massieu de formas opuestas. Para uno, el subprocurador tiene sus días contados y trata de levantar un escándalo antes de que le destituyan el próximo 1 de diciembre, con el relevo presidencial. El resto piensa que Ruiz Massieu tiene todo el apoyo del futuro presidente y por ello no teme enfrentarse al poderoso PRI.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 16 de noviembre de 1994.

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