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La niña portuguesa que fue asesinada en Salamanca murió por estrangulamiento

La niña portuguesa Isabel Andrade Silva, de siete años, falleció por estrangulamiento, según el dictamen de la autopsia que le fue practicada ayer. Su cuerpo apareció el domingo en el interior de una zanja tapada por un trozo de uralita, en una nave ganadera de una finca de la localidad de Villamayor de Armuña, a cuatro kiIómetros de Salamanca. La pequeña recibió sepultura ayer tarde en Castelo Branco (Portugal), de donde es originaria la familia, un joven matrimonio de etnia gitana con otros ocho hijos.

Al anochecer del pasado sábado, tras la cena, María Silva mandó a una de sus hijas mayores a buscar agua al río Tormes, próximo al campamento en el que ella y su mabdo, Abilio Andrade -al igual que un centenar de compatriotas-, se asientan desde hace unos tres meses, a las afueras de Villamayor, donde trabajan en tareas agrícolas de temporada. Detrás de la chica que se encaminó hacia el río se fue la pequeña Isabel, pero su hermana le riñó y ordenó que regresara al campamento. A partir de entonces, nadie volvió a ver a la niña.A primera hora de la mañana del domingo, ante la ausencia de Isabel, los familiares comenzaron a movilizarse y a correr la voz por el pueblo. A las diez se presentó una denuncia ante la Guardia Civil, que a partir de ese momento inició la búsqueda. Varias personas de Villamayor se movilizaron también, e incluso avisaron a las emisoras locales para que se emitiera una nota con las señas de Isabel.

En la misa de comunión de los niños del pueblo, a requerimiento de los padres, el sacerdote anunció la desaparición. Y precisamente iba a ser este sacerdote, Joaquín de Tapia, que sustituía al párroco, quien poco después hallara en el patio de la casa parroquial un par de zapatillas pequeñas, por lo que dio aviso a la Guardia Civil.

María Silva identificó las zapatillas como las que calzaba su hija, y desde ese momento el rastreo se centró en los entornos de la parroquia. Fue así como durante la tarde del domingo, a unos 200 metros de la casa parroquial, en la arqueta o hueco de una zanja de la explotación ganadera Los Arsenios, situada en las inmediaciones del núcleo urbano, apareció el cadáver. Estaba cubierto por un trozo de uralita. Isabel tenía metida en la boca una bolsa de plástico, y en torno al cuello, apretándolo, un trapo anudado. Tras la autopsia se confirmó la impresión inicial de que la niña no había sufrido agresión sexual.

Jóvenes merodeando

Aunque la Guardia Civil ha insistido en que se carece de pistas sobre el autor o autores del asesinato de la pequeña, en el campamento de humildes trabajadores portugueses se ha señalado que durante la tarde del sábado tres jóvenes con un Ritmo color rojo estuvieron merodeando en tomo al campamento y haciendo comentarios sobre las mujeres.

Algunos de los miembros de la comunidad lusa han comentado también que la causa del asesinato de Isabel podría relacionarse con el racismo, ya que la niña y su familia son de etnia gitana. Y han reprochado que la policía les esté investigando a ellos cuando, en su opinión, "han sido payos los que mataron a la niña".

El alcalde de Villamayor, el socialista José Diego, asegura que la indignación se ha trasladado al vecindario y destaca la buena relación entre las gentes del pueblo y los trabajadores portugueses, que anualmente, algunos desde hace más de 15 años, acuden por esta época para realizar labores de escarda en los cultivos de remolacha azucarera y otras tareas agrícolas de temporada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de junio de 1994

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