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Cruyff continúa en el 'aquí mando yo'

Johan Cruyff, el técnico del Barcelona, ha iniciado la pretemporada con una serie de medidas que avalan su condición de jefe absoluto. Es el aquí mando yo de Cruyff. La designación a dedo de Bakero como capitán, la prohibición de que los jugadores participen en actos festivos y programas de televisión y el fichaje de Romario para presionar a los extranjeros son decisiones que cuestionan la bandera democrática que exhibe la plantilla.

Tres Ligas y una Copa de Europa han construido una plataforma desde la cual Cruyff impone su personalidad y su filosofía futbolística en el Barcelona. Durante cinco temporadas, el técnico holandés ha sido implacable con una serie de críticas a sus jugadores ideadas para motivarles y presionarles. En los primeros días de la pretemporada azulgrana en Roden (Holanda), ha impuesto medidas que subrayan su absoluta autoridad en el vestuario y que restan iniciativas a unos futbolistas que hasta ahora han formado un grupo muy sólido.La retirada de Alexanco le ha permitido acabar con las votaciones democráticas en el vestuario e imponer a Bakero como capitán. Ha prohibido toda actividad extradeportiva a los jugadores. Y reclama públicamente un nuevo sistema dé remuneración basado en fichas comparativamente bajas, pero primas altas en función de los resultados. Todo esto, tras conseguir el fichaje de Romario, que, por fin, satisface sus deseos de someter a los extranjeros a una presión similar a la que soportan los jugadores nacionales.

Las medidas han levantado tantas ampollas como las tres sesiones de entrenamiento diarias que sufre la plantilla en la concentración. Los jugadores que dirigían y participaban en el programa Fantástic, emitido por TV2, estarán a partir de ahora privados de su diversión semanal. Cruyff ha anunciado tajantemente y sin florituras: "Todo lo extradeportivo, fuera".

Su decisión de nombrar a dedo el capitán rompe las normativas democráticas vigentes durante los últimos tiempos cuando el brazalete se otorgaba a través de unas votaciones en el interior del vestuario. José María Bakero ha aceptado de buen grado y hasta con orgullo su nombramiento. "Es una de esas cosas en las que no puedo entrar ni entro. Antes de que me lo dijera, el mister estuvo hablando con Zubizarreta. Me llamó, me dijo que me había nombrado capitán y nada más. Así que no tuve nada que decir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 1993

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