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El jefe de Gobierno francés apoya a los centristas y suaviza la ley de inmigración

La sangre no llegó al río. En la tarde de ayer, a su regreso de Copenhague, Edouard Balladur recibió a Simone Veil y Pierre Méhaignerie, los principales ministros centristas de su Gobierno, y escuchó sus críticas a la enmienda a la ley sobre la inmigración que autoriza los controles policiales fundados "en cualquier elemento que permite presumir la condición de extranjero, excepción hecha de la pertenencia racial". Balladur les dió la razón y decidió impulsar "una nueva redacción" de esa enmienda.La polémica enmienda había sido introducida en la Asamblea Nacional a propuesta del diputado gaullista Alain Marsaud y con la aprobación de su correligionario Charles Pasqua, ministro del Interior y autor de la ley Pasqua, que asistió a la reunión entre Balladur y los dos ministros disidentes, informó a su salida de Matignon que el primer ministro le había encargado que defienda mañana, cuando el Senado estudie la ley de inmigración, una redacción "menos polémica" de esta enmienda. Pasqua aceptó la tarea "con disciplina".

Por su parte, los dos ministros centristas opuestos a la enmienda también quisieron calmar los ánimos. Méhaignerie, titular de Justicia, dijo estar en "la misma longitud de onda" que Pasqua, y afirmó que la Prensa ha "exagerado" esta discrepancia de opiniones. En su actitud pesó el temor a que la izquierda explotara la crisis gubernamental.

De hecho, los principales apoyos que recibieron Veil y Méhaignerie procedieron de la oposición. El Partido Socialista les pidió que "abandonen el Gobierno si verdaderamente no están de acuerdo con Pasqua".

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