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Un juez admite la querella de dos peruanos contra tres policías

El Juzgado de Instrucción número 6 de Madrid ha admitido a trámite la querella criminal presentada por dos hermanos peruanos contra tres agentes del Cuerpo Nacional de Policía. Miguel Arturo y Efraín Inocente Rodas, de 30 y 24 años, respectivamente, han denunciado, a los agentes por presuntos delitos de "detención ilegal, lesiones, acusación, denuncia falsa, simulación de delito, injurias y amenaza".Según la querella, el pasado 26 de marzo, Miguel y Efraín estaban en su vehículo, aparcado en la esquina de las calles Puerto de Lápice y Calco (Villaverde), cuando llegaron dos agentes y les pidieron la documentación. Miguel les preguntó por qué se la pedían a ellos y no a otras personas. "En ese momento, y sin mediar palabra, uno de los dos policías le agredió en el estómago con la porra y en tono agresivo le contestó que él no era nadie para decirle a un policía lo que tenía que hacer".

Pero lo que "enfureció al agente" fue, según la acusación, que Miguel le amenazara con gritar para pedir auxilio. El agente "intentó golpearle en la cabeza", y el grito de auxilio desencadenó una lluvia de insultos y golpes". Efraín se acercó a auxiliarlo y el otro agente se lanzó encima de él y le tumbó "golpeándole con la porra y alcanzándole en la nariz", siempre según la querella. Los agentes han declarado que los hermanos Inocente Arias "se negaron a identificarse" y que "se pusieron como locos a darse golpes contra los cubos de basura y contra el vehículo de la policía".

Contra una puerta

En la comisaría de Usera, a donde fueron trasladados los hermanos peruanos, el inspector M. A. M. S. les preguntó "en tono agresivo" por su país de origen". Miguel contestó: "De Perú". "Tres bofetadas, un rodillazo en los testículos y una patada en el pie izquierdo", dicen que fue la respuesta. A Efraín "le empuja y le rompe un radiotransmisor en la cabeza". Y les amenaza "con partirles la boca" si continuaban preguntando por la identidad de los policías. El inspector declaró en el juzgado que Miguel se "avalanzó sobre él y que se golpeó contra una puerta".

Esa noche, en los calabozos de Usera, Miguel pidió en numerosas ocasiones que le llevaran al médico, dados los fuertes dolores que padecía en la pierna y en el brazo, a lo que hicieron caso omiso. Once horas después fue conducido al centro médico de San Cristóbal, y de allí, al hospital Doce de Octubre, en el que le pronosticaron "graves lesiones".

La letrada de la acusación, Ángeles Garzón Morales, ha pedido al juez la suspensión de los policías implicados en este asunto y su "detención y prisión" o una fianza de 10 millones de pesetas para que puedan ser puestos en libertad provisional. También pide que sean identificados y llamados a declarar dos agentes que presenciaron los hechos en la comisaría de Usera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de mayo de 1993