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CARTAS AL DIRECTOR

La generosidad de Bertrand Russell

En el año 1957, un estudiante de primero de Derecho de la España franquista dirigió una carta a un anciano filósofo inglés de 85 años, premio Nobel de Literatura, que, a pesar de: su edad, seguía desplegando una incansable labor intelectual y cívica. El estudiante le agradecía al filósofo los horizontes que éste le había abierto de coherencia vital, de democracia, de socialismo, de pacifismo, y el impacto que le había causado la idea de que, por encima de la superstición, de la tradición y de las religiones, el único criterio que debía prevalecer era el de la razón. Y el muy ocupado filósofo supo encontrar tiempo para contestar, casi a vuelta de correo, con unas conmovedoras líneas firmadas de su puño y letra a aquel español desconocido, quien actualmente tiene enmarcado en su despacho la carta del pensador junto a un retrato suyo.Aquel filósofo era Bertrand Russell, y aquel estudiante, quien firma esta carta al director. Como testigo directo de la generosa accesibilidad con que respondía a cualquiera que se acercase a él, quiero desmentir la información aparecida en EL PAÍS del 25 de abril, que tiene su origen en un tal Paul Johnson, de que el premio Nobel inglés cobraba tres libras por cada autógrafo que suscribía.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de mayo de 1993