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¡Qué adversidad!

Recuerdo cuando el Atléti era de los atléticos y no de un señor y su familia. ¡Qué tiempos! ¡Qué afición! ¡Qué entereza ante la adversidad! ¡Qué adversidad! Los seguidores del popular Pupas no eran masoquistas como muchos afirmaban, sino que pertenecían a ese tipo de madrileños que son chulos porque son graciosos y no porque son faltones. Los faltones y prepotentes eran del Madrid. Los jugadores disfrutaban de algo muy especial: esa incomparable satisfacción de ser los mejores sólo cuando les daba la gana. La afición colchonera se identificaba cabalmente con ese modo de ser. El regusto de ser un perdedor hasta el día en que te da por lucirte de veras, como para recordar lo que de verdad es bueno a quienes empiezan a dudarlo, es como la relación entre el niño y el pistolero en Raíces Profundas: sólo se muestra cuando es necesario que no olvidemos que existe, cuando ha de recordamos por qué creemos enalgo y también cuando se tienen ganas de desentumecer los dedos. Esa clase de Shane ha sido siempre el espíritu atlético, llámese Ben Barek, Escudero, Silva, Miguel, Ramiro, Mendonza o Luis. No en vano la delantera de seda se ganó el nombre de delantera de seda. Yo me hice del Atleti, en el viejo Metropolitano, porque eran de esa gente que, cuando lo hacen bien, sólo saben hacerlo mejor qu6 nadie.Por eso, este derby lo afronto con ánimo bajo. A los colchoneros siempre nos ha gustado lo de ser perdedores (no es masoquismo, sino la quintaesencia de una forma de concebir el triunfo) y ahora, quizá porque las aficiones degeneran en vicio, lo que hemos perdido es el Atlético, que es de un señor y su familia. Entre un Atleti ajeno y un Madrid que no levanta la cabeza ni para faltar ni para jugar, ¿dónde está el aliciente? Creo que es la primera vez que deseo que gane el mejor.

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Pánico

es escritor y simpatizante del Atlético.

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