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El 93% de la ayuda internacional destinada a África no llega a manos de sus beneficiarios

Hasta en los pasillos de la Conferencia Internacional sobre Asistencia a los Niños de África, celebrada esta semana en Dakar, se ha percibido el deseo de los africanos de mostrar los logros alcanzados en sus países. "Se trata de hacer ver que las ayudas no van a fondo perdido", explicó una fuente de Unicef. Y con motivo, ya que según Ferhat Yunes, vicepresidente del Banco de Desarrollo Africano, "sólo siete de cada 100 dólares gastados en África llegan a su beneficiario". Aunque sólo suponen el 10% de la infancia del mundo, uno de cada tres niños que mueren es africano.

ENVIADA ESPECIALCon la intención de evitar ese desequilibrio entre los donativos y su impacto real, el consenso de Dakar, como se bautizó al documento aprobado el pasado viernes en la capital senegalesa, propone la descentralización de los recursos para el desarrollo, una medida sugerida desde hace tiempo por Unicef. Las ayudas económicas suplementarias anunciadas por Noruega y Dinamarca constituyen los resultados más tangibles e inmediatos de la cumbre mundial.El Gobierno de Oslo va a entregar 1,4 millones de dólares a Unicef (unos 140.000 millones de pesetas) para apoyar los planes de acción nacional en África. Dinamarca, por su parte, ofreció 2,5 millones de dólares (250.000 millones de pesetas) para ayuda a niños en circunstancias especialmente difíciles de la región subsahariana.

30 millones de malnutridos

En la capital senegalesa, los representantes de 44 países africanos se han comprometido a hacer realidad los planes de acción nacional para los niños fijados en la cumbre mundial de la infancia de 1990. África tiene la población más joven y en más rápido crecimiento. Un 47% de sus 642 millones de habitantes tiene menos de 16 años. Además, el continente arrastra 30 millones de niños malnutridos y otros 42 millones con retraso en el crecimiento por mala alimentación. Cerca del 65% de los mayores de 15 años son analfabetos, y sólo la mitad de la mitad de la población tiene acceso a agua potable y servicios sanitarios. El panorama resulta desolador.Según un informe preparado para la conferencia por los convocantes -la Organización para la Unidad Africana (OUA) y Unicef (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia)-, se necesitan 12.700 millones de dólares anuales extraordinarios (alrededor de 1,27 billones de pesetas) durante esta década para superar esa situación y alcanzar los objetivos establecidos en la cumbre de Nueva York sobre la infancia.

"Nuestra participación demuestra nuestro interés, pero da la impresión de que algunos países han venido a leernos la lista de la compra", se quejaba un delegado europeo. Convocados por la Organización para la Unidad Africana (OUA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, 18 países industrializados han acudido también a la cita de Dakar.

Desde todas las instancias (países africanos, organizaciones no gubernamentales y países donantes) se ha insistido en la necesidad de que cada Estado movilice sus propios recursos, sin esperar todo de la ayuda internacional. A ese respecto, destaca el llamamiento del secretario general de la OUA, Salim Ahmed Salim, para que, de la misma forma que se pide a los donantes que compartan sus ahorros por el fin de la guerra fría, se proceda a reducir los presupuestos de defensa en beneficio de las acciones en favor de los niños. La propuesta, recogida en el consenso, fue objeto de duras discusiones en el seno de la comisión de finanzas, donde Egipto -exportador regional de armamento- se mostró bastante reticente a ella.

Costes de defensa

El capítulo de los costes de defensa es, sin duda alguna, uno de los más delicados que los países africanos tienen que afrontar. En casos como el de Etiopía, esos gastos llegaron a alcanzar el 60% de los presupuestos nacionales, aunque la presión internacional ha influido en su disminución. Con conflictos como los de Somalia o Liberia, las posibilidades de avanzar en ese terreno son mínimas. Sin embargo, en Namibia, el acceso a la independencia ha permitido la redistribución de dos tercios del presupuesto de defensa entre los ministerios de Educación y Sanidad.Aunque los objetivos últimos para la mejora de las condiciones de vida de los niños eran ya conocidos, los participantes en la reunión de Dakar han querido concretar sus esfuerzos y establecer plazos realistas para lograrlos. Para ello han fijado unos objetivos intermedios para 1995 y se han comprometido a fijar un mecanismo de seguimiento continental para asegurarse que los buenos deseos expresados en Dakar se transforman en actuaciones sobre el terreno.

Según el consenso de Dakar tales logros son posibles "si existe un compromiso fuerte de los Gobiernos junto a una amplia movilización social". Alcanzarlos supondría evitar la muerte anual de un millón de niños africanos.

En el horizonte del año 2000 se mantienen los objetivos generales fijados por la cumbre de la infancia en Nueva York, que requieren una mayor inversión económica y, en consecuencia, la asistencia de los países industrializados. Destacan entre ellos: extender la educación primaria, al menos, al 80% de los niños, con especial atención a la inscripción de las niñas; reducir a la mitad la' malnutrición y asegurar la seguridad alimenticia de los hogares; lograr el acceso universal al agua potable; reducir en un tercio la mortalidad de recién nacidos y menores de cinco años; reducir el número de niños en circunstancias especialmente difíciles, con especial apoyo a huérfanos, inválidos y aquellos que son explotados en el trabajo.

Para vencer el afropesimismo que suele acompañar a los proyectos de desarrollo para África, los participantes en la conferencia de Dakar han considerado oportuno fijar una serie de objetivos intermedios, de bajo coste y con la vista puesta en 1995. Así pretenden, entre otros: elevar del 75% al 80% la cobertura media de inmunización contra la difteria, el tétanos, la polio y la tuberculosis; alcanzar el 801/o en el uso de la terapia de rehidratación oral para prevenir la deshidratación causada por la diarrea; eliminar la deficiencia de yodo y sus consecuencias; animar el empleo exclusivo de la leche materna hasta los seis meses y su mantenimiento en combinación con otros alimentos hasta los dos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de noviembre de 1992

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