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COPAS DE EUROPA DE FUTBOL

El Madrid empata y va al psicólogo

El Real Madrid sacó un empate de Rumania, lugar habitual para el fracaso de los equipos españoles. Timisoara fue el escenario del último descalabro: el Atlético cayó hace dos años y luego se encontró fuera de la competición. El recuerdo de aquella derrota bastaba para conceder al partido una trascendencia superior a la calidad del Politécnica, un equipo de corte abrupto, con algún jugador interesante y el proyecto de Cuc, un chico con velocidad y clase. El Madrid salió del partido con un buen resultado y una sensación contradictoria: marcó su gol cuando manejaba el juego con propiedad y recibió el empate cuando flotaba en el campo. Y flotó durante demasiado tiempo.La historia del encuentro la escribió el Madrid. Para bien y para mal. Funcionó cuando apretó muy arriba, cerca del área del Timisoara. Era una presión fuerte e inteligente, como se supone que. quiere Floro. El entrenador madridista estaba preocupado por. la pérdida de prestigio de su equipo en Europa y pidió un juego agresivo y compacto. El fútbol discurrió en el campo rumano. Los madridistas recuperaban la pelota con rapidez, casi siempre en jugadas de tres contra uno. El balón iba fluido de un, lado a otro, con toque corte o pases largos. El Timisoara estaba noqueado. Faltaba el gol.

Alfonso coronó los mejore momentos del Madrid con un cabezazo que parecía aclarar de manera definitiva el encuentro. El portero salió a cazar moscas y se encontró sin la pelota. Alfonso andaba por el área y se elevó para tocar con la cabeza.

La jugada fue muy sencilla, con los rumanos, despistados en todas las líneas: un equipo pobretón. Hubo otro cuarto de hora del mismo estilo, con el Madrid metido en el partido y el Timisoara metido en casa. Y luego, el resbalón.

El último cuarto de la primera parte anunció otro partido. El Timisoara dio un paso adelante, tomó velocidad y comenzó a abrir puertas por el centro del campo. Toda la obra anterior, se vino abajo. El Madrid ofreció de nuevo la imagen de equipo sin soltura, derribado por la pujanza del adversario, la mala película que vendió durante la pretemporada. Y nada grave había sucedido para el derrumbe. Tenía ventaja, había llevado bien el partido y estaba en condiciones de rematar a los rumanos. Eran las condiciones ideales para colaborar con Floro en la búsqueda de una buena imagen. Pues no.

El Timisoara empujó al Madrid contra Jaro y buscó la espalda de Sanchis y Lasa. Después impidió el control de la pelota a los madridistas y se fue al asalto del gol. También estaba anunciado el empate. Jaro trabajaba demasiado. Un fallo en el marcaje en el tiro de una falta permitió el empate de Cuc. Quedaba por saber si el desastre continuaría. No sucedió porque mal que bien el Madrid recuperó algo de terreno, el suficiente para sobrevivir y sacar el empate. Luego, todos al diván: ¿eran tan buenos como parecían al principio o los derrumbados de la segunda parte? Es una forma de justificar el sueldo del psicólogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de septiembre de 1992

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