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"O me dejaban ir a España o me retiraba"

"Era así", dijo Diego Armando Maradona ayer en su casa de Buenos Aires, donde su familia festejaba la noticia de su incorporación al Sevilla; "o me dejaban ir a España o me retiraba. Pregúntenles a mi mujer y a mi representante lo que hablé con ellos. No podía seguir todo el día pendiente de las llamadas". Claudia, su esposa, lloraba con una alegría que no podía controlar. Las dos hijas del matrimonio se sentían estrujadas y no sabía a qué venía tanto afecto extra.

Maradona tiene ya, físicamente, las formas de un futbolista al que sólo le faltan cinco o seis partidos de Liga para alcanzar su estado ideal. Pesa 76 kilos, uno más del que tenía en su mejor época. Incluso se ha probado ya el equipo que le envió el Sevilla: la camiseta y los pantalones cortos.

Su representante, Marcos Franchi, cree que su reaparición será mucho más que un acontecimiento deportivo: "Esa tarde, en el estadio, seguramente estarán su padre y un grupo de personas que han tenido mucho que ver con la recuperación de Diego. El profesor Javier Valdecantos, algunos amigos, jugadores y ex compañeros. Será un homenaje también a todos ellos".

Gracias a ellos

Franchi, que recibió a Maradona cuando ya le había consumido su antecesor en el cargo, Guillermo Coppola, no es de los que hablan bien de sí mismo ni de su trabajo. Es el propio Maradona el que se encarga de reconocerlo: "Vuelvo gracias a ellos: a Marcos, que estaba ahí cuando salí llorando de los tribunales; a mi padre, que enfermó por todo lo que pasó; a Claudia, mi esposa; a los amigos a los que no entendía cuando me decían tantas cosas por mi bien".Este Maradona que habla, el que verán allí el próximo fin de semana, es otro. Si se le recuerda de la época en que vivió en Barcelona, podrá comprobarse la diferencia. Ya no alza la voz ni contesta con soberbia. Parece dolerle de verdad todo lo que ha pasado: "Quiero demostrarme que puedo jugar, que no perdí la autoridad. Yo nunca me drogué para hacer más goles. Hay muchos chicos jovenes, como el hijo de Marcos y hasta mis hijas, que nunca me vieron en un campo y me da orgullo saber que vayan a tener esa oportunidad. Espero que la gente más mayor, los periodistas, los fanáticos..., entiendan esto también y que no sólo piensen que puedo. servirles para ganar dinero. Ojalá lo logremos. Yo voy a hacer todo lo que pueda. Voy a ponerme al servicio de mis compañeros y de Bilardo".

Maradona agrega a sus ex compañeros del Nápoles a la lista de los que desea que estén cuando vuelva a jugar: "Si fuera posible, me gustaría que algunos viajaran a España. Los jugadores son lo más sano del fútbol y he hecho amigos en todos los equipos que integré". Del Sevilla tal vez sepa mucho más que los componentes del plantel: "Bilardo me ha llamado hasta cinco veces en un día. A él también le costó volver a conectarse con el fútbol. Pero ahora noto que ya es el de antes. Espero que los jugadores lo entiendan, exige mucho dentro y fuera del campo, pero su sistema da resultado".

A su alrededor, la familia daba vueltas y más vueltas. Todo el mundo parecía disfrutar. Sólo Maradona permanecía serio. Para él todavía faltan cosas: "Falta hacer las valijas, subir al avión, firmar el contrato, jugar, jugar y jugar. Después, en algún momento, quizá cuando haga mi primer gol, sé que voy a explotar. Pero ese día tal vez me ponga a llorar como un chico. No sé... Debe de ser que ya estoy medio viejo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de septiembre de 1992