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Giovannetti gana e Induráin se reserva

Marco Giovannetti luchó por el triunfo de etapa y se impuso en la subida a Monviso. El ganador de la Vuelta de 1990 llevaba ocho años participando en el Giro con este objetivo. Es el primer triunfo de su equipo, el Gatorade, en esta edición. A esto se ha resumido el Giro. Los grandes, rivales de Induráin, tercero ayer, reniegan de desbancarle del liderato y se dedican a las migajas. Los papeles se invirtieron: Chiappucci y Chioccioli no pudieron más que seguir la rueda del navarro, quien economizó. Esta imagen puede repetirse hoy y mañana en las etapas montañosas que quedan.

"He tenido suerte. Llevaba ocho años buscando esta victoria y hoy la he conseguido. Soy feliz". Marco Giovannetti actuó de portavoz de la armada italiana. Uno de los principales rivales de Induráin en la lucha por el triunfo final se consideraba realizado con una victoria de etapa.En los mejores tiempos de Eddy Merckx, sus enemigos luchaban entre sí por la segunda plaza. El Giro de los ataques se ha convertido en una carrera aburrida: Claudio Chiappucci acabará conformándose, un año más, con el jersey verde de mejor escalador; Franco Chioccioli sólo aspira a encontrar un hueco en el podio; los guerrilleros del Ariostea -Massimiliano Lelli, Roberto Conti y Giorgio Furlan- planean triunfos de etapa. El reino de Induráin no es de este mundo.

La mirada, en el Tour

Otro trono le espera en Francia. Se cumplen las profecías de su director, José Miguel Echávarri: "Miguel irá al Giro pensando en el Tour. Si se le pone al alcance de la mano la ronda italiana, no la despreciará, pero tampoco se agotará por ella". La función económica se puso ayer en marcha. Induráin será el primer español que gane el Giro, y lo hará casi sin despeinarse, como preparación para una empresa más difícil. El pasmo se extiende por Italia ante tanta clase.

En el grupo de los grandes su compañero en el Banesto Fabrice Philipot marcaba el ritmo, con Induráin a su rueda. Chioccioli, a la izquierda, y Chiappucci, a la derecha, le flanqueaban. Detrás, en desorden, los demás: Franco Vona, Andrew Hampsten, Giovannetti y Lelli. Una masa rosa se levantaba de la bici de vez en cuando. Miedo general bajo la mirada severa. Disimulo de Lelli que aparentaba agotamiento. Sólo quedaban dos kilómetros, los más suaves.

En un falso llano Giovannetti esprintó. Induráin consintió y los demás, excepto Lelli, no pudieron. Los seguidores del navarro conservaron. A 500 metros, exhibición simbólica de Induráin, que puso a todos en fila.

Hasta entonces los grandes habían subido a tren. Induráin, bien acompañado por Armand de las Cuevas. Su otro buen compañero Philipot, cumplía su tarea delante. Conti se había escapado al comienzo del puerto y el francés se marchó con él, como marcador. Era una fuga condenada.

Después llegaron los tramos duros y los momentos de lucha. Chioccioli se mostró desbordante pasando Serre Uberto, a seis kilómetros de la meta. Como un ocho se enrolló en la bici buscando la mejor posición para avanzar en una pared del 11 %. Fácil Induráin se levantó del sillín y cogió su rueda, sorprendiendo, una vez más, al fugitivo, que perseveró hasta agotarse. Fue una respuesta sencilla y económica, la única del maglia rosa.

Hampsten creyó entonces llegado su momento. El ligero escalador estadounidense llevaba 17 etapas agazapado como un conejo; siempre delante, pero a la sombra. Ágil atacó rampas duras. Buscaba la etapa. También Vona, Lelli y Giovannetti, que saltaron a su. rueda con esfuerzo. Induráin no se inmutó apenas. Philipot, cazado, se retrasó para ayudar a su jefe, quien con tranquilidad enlazó.

"Chiappucci se está desgastando en las subidas para conseguir el jersey verde", declaró Induráin en la llegada para justificar el oscurecimiento de su mayor enemigo. El Carrera, equipo del hombre biónico -se cree que sus fuerzas son inagotables-, desplegó su poder en los 180 kilómetros de llano antes del Monviso. Es una táctica peligrosa. Es un intento de desgastar al más fuerte que normalmente agota al que lo ensaya, precisamente porque no suele ser el más sobrado de energías. Chiappucci llegó acabado a las primeras rampas. Sólo su orgullo le salvó.

Las 'hormigas azules'

Juan Tomás Martínez y Ramon González Arrieta, las hormigas azules del Festina, estuvieron, un día más, junto a los favoritos hasta casi el final. Su tarea es aguantar y conservar su buena clasificación en la general. Martínez, veterano, con un apodo tan épico como el Volcán de Baracaldo, repite su buena actuación de otros años en la ronda italiana. González, otro vizacaíno, está aprendiendo. Miguel Moreno, su director, no quiere que se desgaste en vano. Desea que aguante todo lo que pueda para que saque enseñanzas de los buenos: "Sólo atacan a la desesperada los malos. Ramón tiene futuro y debe aprender. Si veo que no vale, ya le diré que ataque".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de junio de 1992

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