Especie a extinguir
Me cuesta mucho trabajo encabezar esta carta de esta manera, pero es la pura realidad, aunque yo no lo conoceré, pero lo conocerán mis descendientes, y cuando lo cuenten se quedarán admirados como cuando yo digo que he conocido Madrid sin semáforos, y no soy del siglo pasado.Es penoso, y no porque yo lleve en mi cuerpo señales por culpa de la mala protección que tenemos los peatones de acera y la mala información de la patrulla que nos recogió a mi mujer y a mí. Si se hubiese tratado de una colisión de coches, la patrulla hubiese buscado testigos que la hubieran presenciado.
Pero como se trataba de peatones de acera se limitó a decir que había sido un accidente casual, sin decir el motivo ni la causa que lo produjo.
Por culpa de ceder la pasarela, mi mujer perdió el equilibrio y caímos los dos. A mí se me rompió la cadera, a mi mujer la tuvieron que sacar de la zanja. Nos recogió una patrulla del Ayuntamiento con ambulancia y coche, trasladándonos al hospital Gregorio Marañón, donde se nos atendió como me figuro que atienden a todo el mundo: muy bien.
Todo esto me cuesta dos meses de cama, un mes con dos muletas y sin saber las secuelas que me dejará.
A la hora de reclamar perjuicios resulta que no puedo denunciar a nadie porque soy peatón de aceras y ha sido accidente casual, omitiendo la patrulla que nos recogió el motivo que causó el accidente.-


























































