Consternación
Oyendo las declaraciones del señor Peña a propósito de su visita a los juzgados y mientras enriquecía sobremanera mi depauperado vocabulario faunístico, creía remontarme a la lejana edad en la que los asuntos entre caballeros se dirimían tras gruesas armaduras y un coraje sin medida. ¿Pues qué decir del aventajado alumno de aquel gran Amadís, mientras fustiga a sus enemigos (a lo que parece la Tierra toda y cuanto contiene), con su florido verbo al galope lanzado? Les describo mi itinerario: del inicial asombro pasé ipso facto al estupor; tras dar un breve rodeo aterricé en una mal disimulada cólera. En lamentable estado avancé como pude hasta abrazar una más que lacerante impotencia, y al fin, tras agónicos minutos, quedé postrado en la más absoluta consternación.
Mi enhorabuena, señor alcalde: tras Diego Porcelos, que la fundó, esta ciudad le reconoce un lugar de honor en su memoria, pues ya su nombre en toda España atruena, y andando el tiempo, aun yo diría que lo de
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Numancia, a su lado, ¡fue una chiquillada!-


























































