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Reportaje:LA RECUPERACIÓN DE UN EDIFICIO

Marcelino Camacho 'vuelve' a los calabozos de la DGS

Recorrido con el fundador de CC OO por los sótanos de la Puerta del Sol

JUAN CARLOS SANZ La primera vez que le encerraron en los calabozos de la Dirección General de Seguridad (DGS) fue en 1940. Con 22 años, Marcelino Camacho fue conducido desde el mercado central de pescados de Madrid, donde trabajaba con identidad falsa. Afortunadamente, no descubrieron que era un responsable de Socorro Rojo (organización de auxilio a los combatientes del bando republicano). "Siempre he tenido suerte, y después la popularidad evitó que sufriera torturas, como otros compañeros", reconoce 51 años después el fundador del sindicato Comisiones Obreras.

En ese tiempo, salpicado de cárcel y exilio, Camacho llegó a ingresar hasta 15 veces en las mazmorras abiertas en el subsuelo de la Puerta del Sol. "Es que a mí me han detenido siempre, hasta antes del parto", bromea Camacho, como pretendiendo excusar los continuos arrestos por su actividad sindical y política durante el franquismo.La última vez que pisó los calabozos de la DGS fue en mayo de 1976, cuando cayó en una re dada durante una reunión de la Platajunta (organización que agrupaba a las formaciones democráticas en la primera fase de la transición política).

"¡Clavadito!" exclamó Camacho al torcer una esquina en los corredores de la Puerta del Sol. "Esto no ha cambiado mucho", insistió. En ese lóbrego lugar, donde ahora cae el polvo sobre folletos del Estatuto de Autonomía de Madrid o de discursos olvidados del presidente Joaquín Leguina, el viejo sindicalista recobró el ajetreo de los 40 policías que custodiaban las celdas en las que tantas veces le encerraron, casi siempre incomunicado. "No había camas, sólo esteras en el suelo. Hacía mucho frío", rememora, mientras cita sus largas conversaciones con el comisario Saturnino Yagüe.

Marcelino Camacho considera que no tuvo serios problemas con la represión franquista a lo largo de sus detenciones porque siempre ha "hablado mucho". "Conversando con la gente se pueden arreglar muchas cosas, y además yo he tenido suerte", ale ga para justificar que se ha librado,de las torturas más severas, habituales en otra época en la Dirección General de Seguridad. "Bueno, algún puñetazo sí que he recibido", refiere sin darle mayor importancia, aunque su semblante se torna mucho más serio para explicar el miedo que sentía ante las amenazas de los agentes y durante los agotadores interrogatorios.Másque el miedo a la tortura", confiesa en los corredores de la antigua DGS, "lo que más me derrumba ba era el abatimiento de los com pafieros detenidos".

El Pozo del Tío Raimundo

Pero ta mbién sufría el terror a las irrupciones de la policía, siempre de madrugada. O el coche de la Brigada Político Social (BPS) aparcado a la puerta de la Perkins -la. fábrica de automóviles donde trabajaba-, o frente a su propia casa. "Yo los despistaba a menudo para irme con el padre José María Llanos al Pozo del Tío Raimundo", confiesa con un gesto de picardía.

El trayecto de ¡da y vuelta al trabajo desde su casa se tornaba a menudo en viaje de ida a los calabozos de la Puerta del Sol, y, tras 72 horas de detención en los calabozos de la DGS, finalizaba en la cárcel de las Comendadoras, primero, y en la de Carabanchel algo más tarde.

"Si no te hubieras metido con nadie, lo bien que hubiéramos vivido". Así dice Camacho que en esa época le recriminaba su com pañera, Josefina ' Sempere, recor dándole la seguridad que le pro porcionaba su salario de obrero especializado. La misma Josefina que le ha confeccionado tan tos jerséis en la tricotosa.

Campo de concentración Cuando Camacho llegó a los calabozos de la DGS en 1940 todavía quedaban los restos de las caballerizas de los Guardias de Asalto, unidad policial del mandato republicano. La intervención de sus patronos en el mercado de pescados de la Puerta de Toledo, le salvó del pelotón de fusilamiento, pero no le libró de una condena de 12 años y un día. Poco después estaba en la calle, pero. no tardó en acabar en un campo de concentración en el Marruecos del Protectorado español. Finalmente consiguió es.capar e instalarse en la Argelia francesa.

Pero a partir del verano de 1957, tras su regreso a España desde el exilio en la entonces Argelia francesa, se entregó a la lucha sindical y política desde su trabajo en la Perkins. Cuando él llegó sólo había 23 operarios; cuando se jubiló, más de 1.500. Enlace sindical, jurado de empresa, Camacho participó en 1966 en la fundación de Ias comisiones obreras", como le gusta llamar a su sindicato.

"Si queríamos hacer un movimiento sindical. reivindicativo y de malas había que salir de la clandestinidad, aun a riesgo de ser detenidos", explica. La cárcel desde la que no cesó de escribir y comunicarse, le sirvió para estudiar economía y matemáticas. Camacho recurre a una rara habilidad para que sus largos razonamientos terminen en conclusiones diáfanas.

"Me traían con cualquier pretexto a la DGS, una reunión en una iglesia, una concentración ante la sede del sindicato vertical, una huelga o una marcha a pie a la salida de la fábrica, todo valía", recuerda Camacho.A lo largo del recorrido por los corredores subterráneos de la Puerta del Sol surgen legajos abandonados que contienen denuncias formuladas por ciudadanos en 1939. Unas amarillentas etiquetas revelan la situación donde se encontraban' los archivo policiales.

Tres pisos más arriba, recuerda Camacho, se encontraba "el despacho de CC OO". En una habitación, un policía registraba minuciosamente todas las actividades de la central clandestina.

Cuando los funcionarios de la Comunidad llegaron al edificio de la Puerta del Sol, en 1985, hallaron en los desvanes abundante material subversivo y varios modelos de vietnamitas (imprenta rudimentaria de panfletos).

En la actualidad, los pasillos abovedados de la antigua DGS están atravesados por una maraña de cables eléctricos y de teléfonos. "¿Ven esta galería? Pues conduce directamente hasta el Congreso", asegura uno de los responsables del servicio de seguridad de la Comunidad de Madrid. Este funcionario intentó invitar a Camacho a visitar "los calabozos de verdad", los que siguen recibiendo a los arrestados por la policía. Pero su gestión resultó infructuosa.

Elecciones engorrosas

La presencia en un mismo edificio de un centro de la Administración autonómica y de unas dependencias policiales ha llegado a producir situaciones engorrosas. La noche del pasado 26 de mayo, cuando los invitados a un cóctel aguardaban los resultados de las elecciones regionales, un detenido saltó desde una ventana y se coló en la fiesta oficial. Durante un buen rato, los inspectores se mezclaron con los invitados hasta que consiguieron localizar al evadido.

Cerca de esos mismos pasillos, patios y calabozos, el presidente de honor de CC 00 había visto llorar hace años a unos detenidos antes de ser conducido a la cárcel de Carabanchel. Allí tuvo tiempo para leer Los diálogos y La república, de Platón.

"Ante la tortura, si estás convecido de que lo que haces es humano, te mantienes, aunque tengas que contar los minutos", reflexiona Camacho, que lleva una aguja de corbata con el anagrama del Congreso Nacional Africano (ANC) -dirigido por otro hombre que conoce las prisiones, Nelsson Madela-, como recuerdo de una visita a Suráfrica.

El 24 de junio de 1972 son detenidos en el convento de Pozuelo de Alarcón los principales dirigentes de CC OO. La caída de los sindicalistas desencadenó el proceso 1.001. El movimiento de solidaridad internacional no tardó en llegar.

Esta vez no le acompañó la suerte a Camacho, y la vista del proceso 1.001 se produjo el mismo día del atentado contra él almirante Carrero Blanco. Permaneció encarcelado hasta después de la muerte del general Franco. Mientras, en 1974 apareció publicado en París su libro Charlas en la prisión, que no se editó en España hasta 1976. En 1990, Camacho publicó su libro de memorias Confieso que he luchado, después de haber dejado la dirección de CC 00 en manos dc Antonio Gutiérrez.

No todo fueron malos recuerdos para Camacho en su recorrido por la antigua sede de la DGS. Invitado por la Comunidad de Madrid, el sindicalista pudo subir hasta la torre en la que se encuentra el reloj que marca el final de cada año, y divisar una de las mas inusuales perspectivas de Madrid.

A pesar del inminiente traslado de las fuerzas de seguridad a otro lugar, el edificio de la Puerta del Sol sigue vinculado a una leyenda negra de represión a lo largo de su historia. Uno de los proyectos que baraja en la actualidad el Gobierno regional consiste en abrir sus patios al público y permitir el tránsito entre las calles de Carretas y Correos.

El dirigente comunista Simón Sánchez Montero -en cinco ocasiones-, el ex diputado y concejal Ramón Tamames o elministro Javier Solana, son algunos de los muchos que han pasado en alguna ocasión por los calabozos de la Puerta del Sol. Incluso Santigo Carrillo, a la sazón secretario general del PCE, fue retenido en esas mazmoras tras su regreso del exilio, en 1976.

Y no hace apenas ocho años, un delincuente, Santiago Corella, El Nani, fue internado en ese edificio. Pero ya no volvió a saberse nada más de él. No apareció ni vivo ni muerto.

"Aunque haya odiado a la dictadura, no puedo guardar odio hacia las personas", confiesa finalmente Camacho, que se ampara en sus lecturas del filósofo Descartes para concluir: "El hombre no es malo en sí".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 1991