Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:

"Un día el alma del PCE tendrá que transmigrar"

Persuadido del flujo y reflujo de los ciclos históricos, Julio Anguita, secretario general del Partido Comunista de España (PCE), augura que "el comunismo volverá". El líder comunista reconoce que hace falta otro PCE para que Izquierda Unida sea más fuerte. "El pasado jueves dije en la Comisión Política", relata en esta entrevista, "que quizá algún día el alma inmortal del PCE tendrá que transmigrar a otro sitio, pero que si se cruza el Jordán hay que pasarlo con todo". Según Anguita, Izquierda Unida está desde hace tiempo en un proceso coristituyente pero él se niega a llevarlo a cabo "a ritmo de telediario".

Pregunta. Muchas personas progresistas consideran que con la caída del comunismo en la URSS ha desaparecido una losa que pesaba sobre las ideas de izquierdas y, desde esa perspectiva, aprueban lo ocurrido. ¿Comparte usted esa actitud?Respuesta. Pues no. La caída del PCUS y de los países del Este ha mostrado cómo cuando una teoría, que está viva y es rica, se anquilosa en un catecismo puede derivar en una esclerotización dogmática. Los que se identificaron con eso sí han podido perder. Pero las ideas de izquierda, en el caso de España, salen reforzadas. El PCE, tantas veces enfrentado al PCUS, ve hoy confirmadas sus tesis. Como sucede en los ciclos históricos, yo creo que el comunismo volverá.

P. Cuando dice que el fracaso del PCUS avala la permanencia del PCE parece no compartir la sensación generalizada de que el comunismo ha quedado identificado a una debacle, además televisada en directo.

R. Puede que la imagen pública dé esa impresión, pero en lo hondo de mucha gente hay una cosa clara: que el PCE es distinto. En todo caso, el tiempo ideológico es uno y el histórico es otro. Pero además quisiera recordar que incluso ese comunismo caído ha dado momentos extraordinarios. Gracias al comunismo se luchó contra el fascismo, e incluso su sistema económico ha dado de comer a la gente durante bastante tiempo. Otras cosa es que la corrupción de sus dirigentes ha degenerado todo en fracaso.

Cristianos e Inquisición

P. Pero cuando la desvirtuación, por decirlo así, del régimen comunista ha durado décadas ¿se puede pensar que sólo es imputable a las personas, sin que quede afectada la ideología?

R. Al principio eso afecta, pero los que tenemos principios sabemos que los golpes hay que asumirlos. ¿Afecta a la ideología? Yo suelo preguntar a algunos cristianos ultramontamos que descalifican al comunismo ¿usted es cristiano a pesar de la Inquisición? Y me dicen que sí, porque lo suyo es una apuesta. Pues muy bien, lo mío también. Y es una apuesta muy sencilla: no asumo lo existente y trabajo para cambiarlo.

P. ¿Qué le empujó a calificar de derechista a Yeltsin cuando acababa de simbolizar la defensa de la libertad y la democracia frente a los tanques?

R. Antes que nada alabé su gesto heroico. Pero yo conozco a Yeltsin y tiene tres líneas de actuación: nacionalismo gran-ruso, una visión un tanto delirante del mercado como salvador y un populismo. Un mal torero puede tener una faena genial, que yo alabo. Pero, desde luego, Yeltsin está al frente de un movimiento confuso, que es un magma. Días vendrán (...).

P. ¿No cree que la intentona golpista en la URSS está algo relacionada también con un idearlo que ha mantenido como componentes ideológicos concepciones autoritarias, como la dictadura del proletariado y el partido-guía?

R. No. Los golpistas pertenecen a la raza de los golpistas, los que están enquistados en el aparato de poder y no quieren perder sus privilegios. El golpe de Pinochet no tuvo nada que ver con el comunismo. Y, el partido-guía, como usted cita, es el error.

P. El partido como vanguardia que interpreta lo que es conveniente y dirige el Estado es una formulación comunista.

R. No, no. Yo me he hecho comunista en España, en el combate contra la dictadura. Soy comunista en la medida en que quiero la extinción del Estado. La democracia forma parte de mi forma de pensar y de la del PCE. Ha habido visiones dogmáticas, pero hay que recordar las circunstancias en que se desarrollaron.

P. ¿No le han hecho reconsiderar nada su opinión argumentos como los del líder de CC OO y de Sartorius?

R. Del mismo modo que el partido no puede injerirse en un sindicato, a ningún sindicato le doy la capacidad de injerirse en el PCE. Pero, además, no me han influido, no. Mire, lo que ocurre es que muchos dirigentes no han trasladado a las bases lo que aprobamos ya en 1989: el PCE tiene que cambiar para que Izquierda Unida sea más fuerte. Después acordamos ceder el uso de las sedes del PCE a IU y dedicar el 95% del trabajo a impulsar IU. En julio pasado dije que hace falta otro PCE, no éste, para que IU sea más rica y más plural. Es más, el jueves he advertido: quizá algún día el alma inmortal del PCE tendrá que transmigrar a otro sitio; si se cruza el Jordán hay que pasarlo con todo.

"¿Estorba el PCE?"

P. Entonces ¿por qué no considera conveniente que el próximo Congreso del PCE promueva un proceso constituyente de IU como partido, al termino del cual se disuelva el PCE?

R. Yo creo que desde hace tiempo estamos en un proceso constituyente. Pero no sirve de nada decirlo en los papeles y mantener prácticas antiguas. Había que haber ido a las bases del partido y explicar eso, pero no se ha hecho. Por cierto que tenemos que examinar ése asuntillo. Otra cosa es que se quiera fijar el proceso constituyente a ritmo de telediario, "hoy, mañana, pasado", porque es la moda. Pero desde hace cinco años no están en la vitrina de IU las siglas PCE, y con candidato comunista hemos pasado de 7 a 17 diputados. ¿En qué está estorbando el PCE?. Y, por otra parte, un partido es hoy, una idea viejísima, antigua y caduca teóricamente. Esa solución, por tanto, resulta retrógada, me parece.

P. ¿Pero no teme usted que muchas personas sospechen que el PCE pretende, al no disolverse, ser quien tome las decisiones aunque luego se debatan en IU? ¿Qué legitimidad tiene un partido que no se expone al juicio de las urnas?

R. Es que esa es también una visión antigua. Los comunistas tienen el derecho, y la obligación, de trabajar en IU más que nadie, en sana competitividad. ¿Sospechas? Cuando las sospechas se trasforman en elemento político estamos ante un Torquemada. ¿En base a qué principio democrático se puede caer en la persecución de una sigla o de unas personas que han demostrado su apuesta por Izquierda Unida?

P. Entonces, ¿qué les impide culminar esa apuesta y convertir a IU en su única formación política, en vez de mantener dos como ahora?

R. En IU hay compañeros que no son marxistas y no les exigimos que lo sean, pero si que nos dejen a nosotros serlo. El PCE ha dicho que va a funcionar como una corriente de opinión. ¿Por qué tenemos que dejar de ser un partido si nos sometemos a IU? El problema es que hay un anticomunismo tremendo, que persisten en el ambiente ciertos virus de eso que definió [Enrique] Curiel [actual colaborador del PSOE] como reequilibrio de la izquierda; y, sobre todo, que IU es una fuerza emergente que cuestiona el sistema, y por tanto se la intenta domesticar un poquito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de septiembre de 1991

Más información

  • Julio AnguitaSecretario general del PCE