Cartas al director
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El infierno empieza en los Pirineos

El verano solía ser una estación protectora y reparadora que nos acogía benevolente, devolviéndonos el gusto por la vida, la armonía con la naturaleza y la paz interior. Ahora nos desasosiega profundamente su llegada a los que estamos condicionados con la irreversible y apocalíptica asociación verano-incendio forestal. Mi reflexión no pretende más que añadir otra pincelada de amargura y de asco en este cuadro y provocar el horror en las conciencias o el vómito en los estómagos aún capacitados para degustar una paella, mientras se asiste impasible al atávico y racial espectáculo en el que España se destruye como una esperpéntica falla y avanza imparable hacia el desierto y la ruina ecológica y espiritual que el destino parece habernos deparado cual descendientes de Caín. Ante mis hijos o mis alumnos me cuido de hacer tales alardes de desesperanza; pero no es serio tanto optimismo y tantas buenas formas para envolver lo que no es más que nuestra vergüenza nacional.Una vez más, nos enteramos de que tras incendios irreparables como el que ha malogrado parajes únicos en la serranía de Ronda puede haber intereses inmobiliarios. El que la mayor parte de los incendios sea fruto de la intencionalidad o de la desidia de los españoles nos hace pensar en la frase atribuida a Beethoven:

"Estimo más a un árbol que a un hombre". Es fácil adivinar, en el plazo de una generación, o menos quizá, un país donde uno desearía no haber nacido. Parece que un fatalismo penetre nuestra cultura de tal forma que somos incapaces de buscar un proyecto colectivo de vida que vaya más allá del campanario de nuestra aldea o de la política efímera del "ande yo caliente...". ¡Amigos de la vida, lleven a sus hijos al monte cuanto antes! El año que viene puede ser tarde. Yo, entretanto, me avergüenzo de haber nacido en esta Península maldita y no desearía estar entre los vivos que presencien el infierno al sur de los Pirineos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de septiembre de 1991.

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