Verne, el chino y China

Si Julio Verne, autor de Las tribulaciones de un chino en China, paseara por el parqué de la bolsa madrileña encontraría tal cantidad de despistados, atribulados, desconcertados y confusos que, sin duda, recopilaría material suficiente para escribir obras del estilo de Confusiones de un confuso confundido o Los tipos de interés, el déficit y el despistado ilusionado.
La inversión, en estos momentos, no encuentra carta a la que apostar. El aluvión de datos de ayer jueves: déficit comercial, registro de caja, resultado de la subasta de deuda y evolución a la baja de Wall Street, desorientó a los inversores. La incertidumbre se ha adueñado poco a poco del parqué y el negocio se resiente. Nadie apuesta y las decisiones tienen un horizonte temporal de horas.
La sesión, que comenzó en tono sostenido, fue perdiendo pulso a medida que pasaban las horas. Al final, las ventas, moderadas, demostraron que, por el momento, los desconfiados están ganando la partida. Por tercera sesión consecutiva el índice general sufrió un retroceso.
Con el mes de agosto a punto de finalizar, lo único positivo ha sido que el mercado ha mostrado una fuerte resistencia a abandonar el soporte del 270%. Todo lo demás han sido grandes tribulaciones.


























































