Más periodistas que asambleístas

La asamblea dio cita ayer en un hotel de Madrid a cerca de 300 personas: 116 de los 150 miembros con derecho a voto, 90 invitados, 140 periodistas acreditados, 30 empleados e incluso guardaespaldas. La reunión costó a la federación más de seis millones de pesetas, cifra en la que se incluye el almuerzo ofrecido a ese número de asistentes. Cada uno de los 116 asambleístas recibió 9.000 pesetas de dieta y el pago de su viaje, a una media de 25.000.La expectación que había despertado la sesión venía antecedida por la advertencia de Jesús Gil. "La voy a armar", había declarado horas antes. En los pasillos, el ambiente era le mucho más distendido y entretenido que en la sala -incluso hubo que pedir silencio alguna vez desde ella porque no se podía oír bien-, donde la monotonía de alguna de las intervenciones originó los bostezos de los presentes.
Sólo Sabino López, representante de un club modesto de Asturias y miembro destacado de la candidatura que resultó derrotada hace tres años en las elecciones que llevaron a Villar a la presidencia, se preocupó de cuestionar el trabajo federativo. Villar, al contestarle sobre las negociaciones con diferentes técnicos para sustituir a Luis Suárez, evidenció sus diferencias de tratamiento: "He hablado con Julio Pardo [presidente del Español] y el señor Eugenio [Eugenio Prieto, presidente del Oviedo] para tratar con sus entrenadores el cargo de seleccionador".
Muchos atléticos
En la extensa columna de butacas dedicada exclusivamente a invitados, los asientos se encontraban ocupados en su inmensa mayoría por empleados de los diversos clubes, intermediarios y curiosos. En total 90 invitados, con el Atlético de Madrid como máximo exponente: el directivo Enrique Cerezo; tres funcionarios, entre ellos su director general, José Julio Carrascosa; el secretario técnico, Rubén Cano; un intermediario que trabaja para el club, Roberto Dale, y hasta el guardaespaldas de su presidente.
Para planificar esta sesión 30 empleados de la Federación se encargaron de colocar a cada uno en su sección y de organizar la estructura de la asamblea. Pero de riada sirvió porque, con todo este cúmulo de asistentes, el orden sólo se guardó durante los minutos iniciales.


























































