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Aguas profundas

A velocidad de crucero, la transacciones no cesan. Cada día, a la hora de cerrar, los agentes tiran las ganancias de la sesión al aire. Las que quedan pegadas en el techo son las de los clientes, y así ganar dinero en Bolsa es un desafío a la gravitación universal. Ésa fue la lúdica conclusión del analista Fred Schwed al caer en la cuenta un buen día, después de varias semanas de parálisis inversora, de que tan sólo uno de sus 5.000 clientes tenía la cartera con beneficios.La cosa parece sencilla: un mercado que no sube, aunque no sufra depreciaciones, sólo enriquece a los profesionales. Los clientes -es decir, los auténticos usuarios- deberían decidirse a comprar, ya que se trata, naturalmente, de disminuir la posibilidad de pérdidas. ¿Se pueden medir esperanza y miedo, avidez y ambición? ¿Es posible calcular el impulso de la moda en la selección de las inversiones? Por supuesto que no. Los hechos reflejan apenas la gélida estela de los bajos volúmenes, y muchos esperan todavía el fondo de las aguas profundas. La duda, el principal enemigo de quienes operan en los mercados, impone su ley. Sin embargo, no es la hora de vacilar, aunque "el dinero se obtiene sentado y no negociando", escribió el legendario bolsista Jesse Livermore.

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