En el puerto de Manhattan
Entre los que opinaban que el IPC de febrero ya estaba descontado con las euforias precedentes y los que esperaban un repunte ulterior del mercado a partir del dato oficial, ganan los segundos. Sólo aparentemente, porque la subida espectacular de los índices de ayer se explica más por la fluida liquidez que desbordó las barreras de los dos últimos días que por tomas de posición importantes. La de ayer no fue una jornada de grandes compras -salvo en algún caso aislado del grupo eléctrico-, sino más bien de inversión desparramada por todos los segmentos del mercado. Una especie de festival en el que todos participaron y encontraron contrapartidas; un mercado real pero sin espectaculares ganancias. Se produjo además la hemorragia de los corretajes o, si se prefiere, de las comisiones.Fred Schweed, veterano analista de Wall Street, cuenta que a las firmas de inversión es basta con algunas de estas jornadas al año, y lo Ilustra en uno de sus libros con la anécdota del viajero que llega a Ma nhattan y el guía le dice: "Ahí están los yates de los banqueros". Después, señala otra zona y añade: "Ahí los de los agentes de cambio"; finalmente, el transeúnte replica ingenuo: "¿Dónde están entonces los yates de los clientes?".


























































