Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Madison Avenue

A los pioneros de la persuasión, ciertos anuncios de productos aparentemente inútiles les han proporcionado mayores ingresos que los cosechados por la Metro Goldwin Mayer en Lo que el viento se llevó. La persuasión es un pilar básico del mercado; a juicio de algunos, una suerte de razón última que explica la insaciable voracidad del dinero cuando quema en las manos de quien lo quiere soltar. En los mercados de acciones se producen de repente efectos hipnóticos por medio de los cuales el inversor se siente súbitamente fascinado por el reclamo de títulos que parecen llevar impreso el indeleble estigma de una subida espectacular en pocas sesiones. Pura apariencia. En el fondo, es la fuerza del anuncio, el poder de la sutileza en el sentido de Charles Revson, fundador de una multinacional de los cosméticos, cuando decía: "Hacemos lápices de labios, pero vendemos esperanza".En las bolsas estalla muy a menudo el síndrome de Madison Avenue. Suele ocurrir en fases dé marcada incertidumbre, cuando los cazadores bajistas se esfuman y aparecen los hábiles vendedores de ocasión tras los cuales más dura será siempre la caída. Ayer lo fue, en una jornada batida por la cosecha de quienes habían sembrado vanas esperanzas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de febrero de 1991