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El precio de la armonía

Las modelos ganan en la Pasarela Cibeles hasta 1.500.000 pesetas por tres días de trabajo

La Pasarela Cibeles ha contratado a 35 modelos internacionales, de entre 18 y 28 años, para que luzcan la moda española del próximo invierno. Cada una ha llegado a Madrid con dos maletas: una pequeña para la ropa y una más grande para las cremas y, después de pasar tres días exhibiendo la moda, se marcharán con unas ganancias de entre 800.000 y 1.500.000 de pesetas. Tras la escala de Cibeles seguirán cimbreándose por las pasarelas de Milán, París, Londres, Nueva York y Tokio hasta finalizar el riguroso calendario que temporada a temporada se repite.

El estilo de mujer ha cambiado. Antes se llevaban las maniquíes explosivas, locas y pasotas; ahora, las frescas, sanas y naturales, según explica el encargado de organizar y contratar a estas jóvenes, Javier Escobar. No se les permite dormir en casa de amigos, todas duermen en el mismo hotel, para poder controlar que las horas de sueño son suficientes para evitar el fantasma de la ojera."El primer día de desfile casi todas nos quedamos cenando en el. hotel", explica Judith Mascó, porque "sales muy cansada después de hacer cinco pases diarios. Yo llego al hotel, ceno sola en la habitación, llamo a mi novio y veo un rato de tele hasta que me duermo", añade la catalana de 21 años que saltó a la fama desde la portada de la revista norteamericana Sports Ilustrated.

La cara y el pelo limpios

Los modistos y las salas de fiesta se desviven por atraer la atención de estas profesionales de la belleza que evitan los cócteles para llegar perfectamente descansadas, con el pelo limpio y la cara lavada a las nueve menos cuarto de la mañana.

De todas formas, hoy se acabarán los desfiles "y ya podrán quedarse bailando hasta el amanecer si les place", explica Leonor Pérez Pita, Cuca Solana, directora del comité de Moda del Iristituto Madrileño de Desarrollo (Imade) que costea parte de los 150'millones que se invierten en los tres días de pasarela.

Sin embargo, no todas las ediciones han sido tan estrictas como ésta, en la que no se permite ni siquiera fumar en los camerinos. "Antes, en este tipo de ambiente las veías tomando copas y porros antes de salir a la pasarela", dice Javier Escobar, y añade: "A estas chicas les interesa más el deporte. Algunas me han pedido direcciones de piscinas cubiertas para nadar".

Anne Fiona, mitad escocesa, mitad keniana, es una de las maniquíes más solicitadas. Ha sido contratada por primera vez en el Salón Cibeles y se va a quedar el fin de semana para "ir a Ávila a ver las murallas y a comprar yemas", tal y como le ha recomendado otra modelo. A la mulata le enloquecen las catedrales.

Con 24 años, la valenciana Celia Forner considera que la pasarela está muy bien organizada, aunque al acabar necesita desahogar todo el desgaste mental que supone "estar metida en un sitio pequeño tantas horas con la misma gente". Para ello no tiene término medio: "0 voy con mis amigos a cenar o no quiero ver a nadie", afirma.

Todo en el mismo sitio

La californiana Sonia Cole, de 25 años, agradece que los 19 pases se realicen en el mismo recinto y no tenga que andar corriendo en moto de un lugar a otro como en otras ciudades. Su primer día libre lo pasará así: "Cuidándome las manos, depilándome a la cera y lavando la ropa". La corta vida profesional de las maniquíes también tiene su lado práctico.

Los diseñadores eligen de entre este grupo de bellezas la que más se acopla a su gusto, con un presupuesto de dos millones por desfile que costea la Pasarela. "Algunos las prefieren rubias, otros negras", explica Escobar:

Un equipo compuesto por seis peluqueras las peina una vez y otra: ondas para el pase de las 12.00, moños italianos para el siguiente y luego unas melenas de los años 70. "En cada pase hay que buscar la armonía con la ropa y la homogeneidad", dice la peluquera Angela Navarro. Cinco minutos y al vestirse se oyen órdenes dictadas en italiano, español e inglés.

Ayer, en el mismo edificio repleto de agentes de policía donde se celebraba el debate del Consejo de Europa sobre la postura de los países frente a la guerra del Golfo, las modelos ensayaban ante un espejo gigante las posibilidades de la seda sobre sus cuerpos. Tras posar para ellas mismas, salían para brillar ante los focos.

La noche que chupa y congela

La edad de la ex modelo Damaris es un misterio por deseo expreso de esta panameña que decidió reciclarse como diseñadora de joyas. Moviéndose entre las nuevas generaciones, observa que todas ellas son muy monas y muy profesionales. Damaris abandonó la profesión después de haberle sacado todo el jugo y haber disfrutado con su trabajo sobre las estrechas pasarelas de la moda."Antes, cuando los diseñadores españoles no tenían ni un duro, hacíamos los pases por unas copas y una amistad. Todo eso ha cambiado", dice. "Cuando yo desfilaba se llevaba la pasión desbordada, ahora es la naturalidad.

Yo llegué hasta a tirarme por la pasarela", recuerda Damaris. "Después eso acabó y no quería quedarme en casa esperando al lado del teléfono para ver si me llamaban", comenta para explicar su decisión de dedicarse a malear los metales y convertirlos en pendientes, brazaletes y gargantillas.

La mayor parte de sus antiguas compañeras de profesión se han convertido en amas de casa, han creado escuelas de modelos o trabajan como relaciones públicas. "Un par de chicas se han quedado en la noche que te chupa, te congela y te deja totalmente paralizada"., se lamenta Damaris entre las bambalinas de la Pasarela Cibeles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de febrero de 1991

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