Greguerías
Las cosas cambian, aunque con menor rapidez que la deseada por la enorme diáspora que envuelve la evolución de la industria de valores. La sesión de ayer registró un clima de mejora sólo aparente, ya que una vez más los bancos cristalizaron el inmovilismo de los cambios en el paréntesis bajista. Los mercados españoles, junto a las bolsas de Francfort y Múnich, son los que mayores caídas acumulan desde la invasión de Kuwait. A partir de este escenario, las firmas de inversión aconsejan reducciones selectivas de las posiciones tomadas en los mercados nacionales, hasta que se equilibre al menos su peso en la capitalización del conjunto de bolsas con mayor influencia en el entorno europeo. Los mismos análisis aconsejan balancear adecuadamente las posiciones en valores españoles que cotizan en el extranjero. Todo ello, a la espera de acontecimientos favorables que puedan producirse en un brusco cambio de clima a escala internacional. Ciertos optimismos bursátiles, a los que se podría aplicar una de las clásicas greguerías de Ramón Gómez de la Serna -"detrás de cada viento viene un mundo que no es el de antes"-, encajan con la oración diaria que deben rezar los que se hallan atrapados a bajo precio en valores de poca liquidez.


























































