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CARTAS AL DIRECTOR

Abuso de autoridad

Llego el 18 de julio a las 9.50 a la frontera española con intención de cruzarla hacia Francia. Hay dos policías nacionales: uno dentro de la garita hablando con el conductor de un coche, y el otro, de unos 50 años, fuera, de espaldas, con las manos en los bolsillos, viendo los coches que se acercan. El de la ventanilla da paso al coche con el que estaba de charla, cierra la ventanilla y pasa ese coche y otro que estaba detrás. Inicio la marcha para pasar lentamente, pero cuando estoy a la altura de la ventanilla la abre airado y me increpa; le pido disculpas, indicándole que al pasar otros coches creí que no era necesario hacer más trámites, como se hace en casi toda Europa. Me sigue increpando; entonces le digo que no me falte, que haga lo que tenga que hacer y que cumpla con su obligación. Me devuelve tanto mi carnet como el de mi esposa, que me había pedido cuando, airado, abrió la ventanilla, y me manda seguir. Cuando estoy arrancando, el que estaba fuera dándome la espalda, y que me dio la impresión de ser el jefe, al oír lo de cumplir con su obligación, sacó las manos del bolsillo y, arrogantemente, me pide de nuevo solamente mi carnet, se mete en la garita, teniéndome durante casi una hora esperando, quiero suponer que haciendo comprobaciones sobre mi persona, que no debieron ser de su agrado, y como lo importante era incordiarme, a continuación le pasa, sin salir de la garita, mi carnet a un guardia civil de unos 35 años, alto, de barba y gafas, quien durante casi otra hora me revisa el coche y su contenido, teniendo que bajar dos veces las maletas, con una minuciosidad y parsimonia impresionantes. Cuando finalmente me dio el carnet y me autorizó a marcharme, me dijo que no me quejara, que podía desguazarme el coche. Mis reflexiones desde las 9.50 hasta las 11.30 horas en que pude finalmente cruzar la frontera hacia Francia fueron:1. Si estaba ante unas fronteras europeas o africanas.

2. Si esos jefes tanto de la Policía Nacional como de la Guardia Civil pueden abusar así de su autoridad e incordiar a un ciudadano de vacaciones.

3. Ante quién reclamo el tiempo perdido y el mal rato que nos hicieron pasar al inicio de las vacaciones por este abuso.

4. Que si la policía se empleara con ese celo con los delincuentes, este país sería un paraíso.

Hago público este hecho con la esperanza de que no se vuelvan a repetir actos como éste.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de octubre de 1990