Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

"Papá, ¿te atreves?"

A Antonio Sainz y a Julita Cenamor jamas les gustó que el muchacho que iba para brillante abogado se dedicara a las carreras. Se lo dijeron cien veces, se lo insinuaron otras mil, pero no le convencieron. Es más, cuentan que papá Sainz llegó a castigar con su indiferencia a los colegas que se asociaban con Carlos para alimentar su amor la gasolina.Aquello forma parte ya de la historia. Con toda seguridad, a los padres de Sainz no les gustará recordarlo. Ahora viven días de gloria. Tanto que Antonio Sainz no pudo negarse cuando su hijo le preguntó el otro día si deseaba sentarse junto a él para recorrer un tramo del Rally de Australia. "¿Por qué no?", dijo el padre del futuro campeón.

Papá Sainz se enfundó el mono de carreras, se puso el casco y se ató fuerte al asiento de Luis Moya. Por si fuera poco, Carlos metió a su padre en un tramo de 28 kilómetros, uno de los más largos del rally. Y, encima, cerrado al tráfico.

Quien vio bajar al padre de Sainz del coche ha comentado que ni pestañeó. Quien habló con ambos después de semejante experiencia explica que no cruzaron palabra. Es más, la madre le preguntó a su esposo si se habían enfadado en el coche: "Antonio no dijo ni una palabra". "Se me han roto todos los esquemas", señaló Antonio Sainz. "Resulta imposible, con la mentalidad de un conductor de calle, entender cómo se puede ir a esa velocidad por un sendero del bosque. Me parece de otra galaxia".

Se diría que Carlos había tratado de saldar una deuda pendiente. Pero no, Antonio dijo que su hijo le aseguró que no había ido todo lo deprisa que va en carrera. Menudo alivio. Antonio todavía no se explica como se puede correr tanto en coche, como se puede frenar tan tarde, colocar el coche a la entrada de la curva con un toque de freno ¡con el pie izquierdo!".

El padre de Carlos Sainz ya sabe cómo conduce su hijo. Ahora ya sabe por qué quería ser piloto; por qué será campeón del mundo. El día que le den la copa de campeón del mundo en París, Antonio Sainz estará allí. No se lo perderá.

Ahora le toca a la madre, cualquier día de estos se sube en el Celica y a correr.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de septiembre de 1990