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Entrevista:Fernando Pérez RoyoEurodiputado comunista y voz crítica de Izquierda Unida

"El PCE debe pensar en desaparecer"

Fernando Pérez Royo, sevillano, menudo, burbujeante, se ha fabricado una acreditada fama de heterodoxo dentro de un partido, el Partido Comunista de España (PCE), en el que nunca ha estado bien visto el ir por libre. Este catedrático de expediente rutilante, además de ser una de las cabezas más solventes a la zurda del PSOE, tiene lengua y no se la muerde. Dice Pérez Royo que asume la historia del PCE, pero no se corta un pelo a la hora de afirmar que éste debe desaparecer como tal formación política para hacer viable el proyecto de Izquierda Unida.

En su escasa sujeción a las doctrinas oficiales radican muy posiblemente las presentes tribulaciones de Fernando Pérez Royo, de 47 años. Pese a haber encabezado la lista de Izquierda Unida en las elecciones europeas y seguir siendo nominalmente su portavoz en Estrasburgo, el eurodiputado se encuentra fuera de los órganos de dirección del PCE. Recientemente, se ha quejado a Julio Anguita por haber sido excluido irregularmente por sus compañeros de los trabajos del grupo de IU en Estrasburgo. Pero su incómoda situación no le coarta a la hora de expresar sin ambages sus opiniones discordantes con el rumbo político marcado desde la cúpula del PCE y de IU.Pregunta. ¿No cree que corre el riesgo de convertirse en el eterno discrepante, en una especie de Pablo Castellano de Izquierda Unida?

Respuesta. No, no lo creo. Por otra parte, no me siento a gusto ejerciendo este papel. Lo que sí quiero es separar claramente mi situación disciplinaria, por decirlo de algún modo, en el Parlamento europeo, que me parece absurda, de mis discrepancias en cuanto a la orientación política de IU, que vienen de más antiguo y que no por eso me convierten en un discrepante de profesión. Tampoco soy un submarino socialista, como ha dicho algún imbécil, ni el Antonio das Mortes del PSOE.

P. ¿Qué pecados purgó IU con el batacazo electoral de Andalucía?

R. Los resultados en Andalucía han sido discretos si se comparan con las generales de siete meses antes. Si se comparan con las autonómicas de 1986, la cosa es distinta, pero aquéllas fueron, unas elecciones anómalas por la presencia de Anguita, que tuvo una gran cantidad de votos populistas que esta vez no han venido a IU. Pero, sobre todo, yo creo que en Andalucía se ha pagado la imagen que IU venía dando a nivel nacional tras el 290. Entonces, con la credibilidad que nos daban casi dos millones de electores, IU estaba obligada a dar un cierto giro pragmático en su programa y su política, y sin embargo seguimos con las inercias del pasado.

P. ¿A qué inercias se refiere?

R. A empecinarnos en una oposición radical, que era comprensible para una fuerza con el 4% de los votos, pero no para una que había alcanzado el 10%, lo que nos ha llevado además a coincidir más de una vez con la derecha. No hemos sido capaces de ofrecer una alternativa a las alianzas del PSOE con la derecha moderada de las nacionalidades, y, en ocasiones, hemos dado la impresión de que nuestro enemigo principal era el partido en el Gobierno, mientras que éste aparecía pactando con los sindicatos y enfrentado a la derecha económica y social.

P. ¿No le parece que la estrategia del PCE de mantenerse como partido, pero de enfocar toda su actuación política hacia IU, ese ser pero no ser, viene a suponer una reedición del misterio de la trinidad?

R. No sé si la metáfora es buena, pero, efectivamente, creo que ésa es una cuestión que, en todo caso, hay que resolverla cuanto antes. Soy de los que piensan que al problema organizativo que tiene planteado IU hay que entrarle por derecho, mediante la desaparición del PCE como partido. Es decir, haciendo de IU una formación política autónoma, flexible y que englobe a sus distintas organizaciones.

P. ¿En qué plazo tendría que plantearse el PCE su disolución?

R. Cuanto antes, aunque, lógicamente, habría que convocar un congreso del partido para hacerlo. Se trataría de una operación similar a la hecha por el Partido Comunista Italiano, pero con la ventaja de que, a diferencia de ellos, nosotros sabemos adónde vamos: a Izquierda Unida. Se trataría, pues, de hacer de la necesidad virtud. La dificultad es que IU la componen otras fuerzas, fundamentalmente el Partido de Acción Socialista (Pasoc), que son bastante reticentes a diluirse en una única formación.

P. Parece que el Pasoc y su secretario general, Alonso Puerta, al que tiene de compañero en Estrasburgo, es su bicha particular.

R. O yo la suya, jeje.

P. Dice usted que no cree que el PSOE pueda ser la casa común de la izquierda", pero lo cierto es que la frecuenta mucho últimamente. Estuvo en la presentación de la revista El Socialismo del Futuro, y ahora en la escuela de verano del PSOE en Galapagar (Madrid).

R. Me tengo por una persona de buena crianza, y voy adonde me invitan. Pero en la sustancia no estoy de acuerdo con esa pretensión del PSOE. Con todos mis respetos a Txiki Benegas o a Manu Escudero, considero que cabe una izquierda plural en España, con proyectos autónomos, pero no necesariamente antagónicos. Ya he dicho que el debate abierto en IU sobre las relaciones con el PSOE me ha parecido desgraciado, y eso que algunos me acusan de haberme echado en los brazos de los socialistas. La definición de una propuesta política diferente a la del PSOE no debería impedir, sin embargo, un cambio en las relaciones con el partido socialista que han imperado hasta ahora.

P. ¿Y cómo conseguirlo?

R. No, desde luego, con cartas a Felipe González, sino con un cambio de clima.

P. ¿No resulta utópico plantear un entendimiento cordial cuando PSOE e IU compiten por el mismo espacio político y no cesan de lanzarse opas hostiles?

R. Es lógico que tengamos zonas de fricción y que nuestro programa sea diferenciado y algo más radical que el ofrecido por el PSOE. Pero, insisto, no tiene por qué ser frontalmente opuesto. Por otro lado, pienso que ambos partidos deberían renunciar a tentaciones totalizantes. Ni estoy de acuerdo con las pretensiones hegemónicas que pueda tener el PSOE, ni lo he estado con el planteamiento de Anguita de presentar a Izquierda Unida como alternativa, porque no es creíble: con un 10% de los votos no puedes decir que eres alternativa.

Una curiosidad

P. ¿Cree que Julio Anguita es la persona adecuada para llevar el proyecto de izquierda Unida a buen puerto?

R. Anguita tiene una virtud, la de haber sido el artífice en gran parte de la recuperación electoral de IU. Por tanto, debería ser la persona con menos complejos para llevarlo adelante. Es evidente que en IU y en el PCE, después de la crisis de los últimos años, no estamos sobrados de cuadros relevantes desde el punto de vista intelectual y político. Pero tenemos los suficientes para emprender modestamente esta tarea.

P. Una curiosidad. ¿Usted es comunista?

R. Soy miembro del partido comunista y, como tal, asumo como propia su historia. Dicho esto, resulta evidente que la única área de actuación de la izquierda es el socialismo democrático. Y eso significa concebir la democracia, no como algo instrumental, sino como un fin en sí misma, algo que el PCE asume desde el eurocomunismo. Y, en segundo lugar, aceptar una práctica política reformista y gradualista, lejos de cualquier utopía revolucionarla. Esto último quizá sea lo más difícil de asumir por determinados sectores del PCE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de agosto de 1990

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