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Crítica:

Hijos de un dios menor

22.50 TVE-2

Children of a lesser god, 1986 (119 minutos). Director: Randa Haines. Intérpretes: William Hurt, Marlee Matlin, Piper Laurie, Philip Bosco.Un éxito de campanillas en los escenarios, debido a Mark Medoff, coguionista de una adaptación cantada. La operación salió redonda en términos estrictamente comerciales. Hay en Hijos de un dios menor -ya saben: profesor educando a sordomuda más o menos indomable, sacándola de su cerrado y autocomplaciente universo- carnaza melodramática y explosión de sentimientos nobles como para parar un tren y un reactor si se tercia. Para complacer, en fin, a las más amplias plateas, amén de un par de actores capaces de meternos en el bolsillo en un abrir y cerrar de bocas, mudas o no; además, cuenta lo suyo el saberlos liados durante y después de la filmación, le da un calor sensiblero suplementario. Hay que reconocer, en honor a la verdad, que Hurt y Matlin -ella se llevó un Oscar a su chimenea, según la tradición de la Academia de premiar a lisiados, tullidos y subnormales en general- están bien. Y que también lo está la luz, y lo está la música y la ambientación; todo, excepto la propia película, que es tramposa, tópica, predecible y demasiado encaminada a los burdos sentimentalismos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de junio de 1990