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Cartas al director

Malos hábitos

En muchas ocasiones, ciertos malos hábitos que se suelen achacar a la poca educación cívica de los españoles son producto más bien del ambiente de frivolidad en el que estamos envueltos. Claro que esto podría decirse perfectamente al revés, y también sería cierto.Veamos, como ilustración, lo que suele pasar en determinados eventos culturales. Situémonos, por ejemplo, en un concierto, la Pasión según San Mateo, que dirigió Schneidt en el Auditorio Nacional. Cualquiera pensaría que todo el que va allí es aficionado a la música, capaz de aguantar unas horas concentrado (es decir, sin toser o removerse de la silla como un azogado) y lo suficientemente respetuoso como para esperar a que acabe antes de abandonar la sala.

La realidad, ¡ay!, es muy otra: se va a cumplir una obligación social, se molesta al vecino lo que sea menester y, cómo no, se sale cinco minutos antes del final, levantando a toda la fila, para poder desaparcar el primero el cochecito, que eso sí es importante.

¿Y si se va a los toros? Lo mismo. Hay que irse antes de que acabe, y repartiendo saludos a los amigos del tendido.

¿A esta gente le gusta algo? No: van porque hay que ir; y no han entrado cuando ya están pensando en irse a otro sitio, y así sucesivamente, en un inacabable huir hacia adelante; dejando, eso sí, cumplida constancia de su capacidad de molestar. A personas tan inquietas sólo cabe recomendarles un espectáculo que se adapta ciento por ciento a sus necesidades: la televisión.-

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