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Aznar sucede a Fraga con mensajes similares a los de González en 1982

José María Aznar, elegido presidente del Partido Popular (PP) en sustitución de Manuel Fraga, clausuró ayer el décimo congreso de la formación conservadora con un mensaje político llamativamente parecido al utilizado por Felipe González en su triunfal campaña electoral de 1982. Aznar, que llegó a emplear frases usadas entonces por el líder socialista, ofertó "un proyecto de libertad" y puso especial énfasis en desterrar la impresión de que la llegada de los populares al poder pueda suponer "traumas o peligros".

El sucesor de Manuel Fraga fue elegido presidente del PP con más de 2.000 votos a favor, ninguno en contra y sólo varias docenas de papeletas en blanco. En su discurso, José María Aznar insistió en presentar a su partido como alternativa cierta al PSOE y llegó a utilizar frases idénticas a las de Felipe González en 1982, como aquélla de "la recuperación del amor por la obra bien hecha" o la llamada "a no tener miedo a la libertad".Mientras su antecesor aprovechaba la jornada de clausura para lanzar fuertes diatribas contra los socialistas, Aznar se situó estudiadamente por encima de la lucha política y afirmó que aceptaba el diálogo con el Gobierno -"lo que no significa sumisión", aclaró-, y ofreció a la sociedad una suerte de ideario, exento de toda concreción, en forma de decálogo.

En su intervención, el joven político alternó mensajes moralizantes con referencias tranquilizadoras, para que nadie piense, dijo, que un posible Gobierno del Partido Popular puede causar "traumas o peligros en la sociedad". Asimismo animó a los militantes de su partido a descartar la idea de que éste sólo puede acceder al poder en coalición con otras fuerzas.

El golpe de efecto en la clausura lo dio Fraga al comunicar a los compromisarios que José María Aznar le había entregado días antes una carta en la que le presentaba, sin fecha, la dimisión por si algún día la consideraba conveniente. Acto seguido, el fundador del PP rompió en pedazos la misiva entre una apoteósica ovación que emocionó a su sucesor.

Páginas 15 y 16

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de abril de 1990

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