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CARTAS AL DIRECTOR

Velázquez

Todo Velázquez ha venido al Prado, o, lo que es lo mismo, toda la corte de Felipe IV. ¡Qué gran pintor este hombre! Lástima tanto derroche de talento al servicio de la monarquía y el poder, tanta destreza, para retratar una verdad a medias. Sus lienzos están poblados de grandes personajes envueltos en fastuosos oros y brocados. Pero echo de menos un campo de visión más amplio, más atrevimiento, hasta rozar la herida de la sociedad en descomposición que le tocó vivir: que nos regalara un retrato de puertas afuera de la corte.Hoy, Velázquez nos hace guardar cola delante de la puerta de Murillo. La misma puerta por la que desfilarnos ocasionalmente miles de personas es la dura cama habitual de una mujer. Al anochecer, cuando ha pasado la marabunta, quedan a solas el acontecimiento cultural, allá dentro, y la mujer, bajo unas mantas, del lado de fuera. Es probable que no entre a ver siquiera la exposición. Seguramente tampoco sienta ninguna necesidad. Las cosas continuarán del mismo modo para ella, pero a Velázquez le seguirá faltando algo.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de febrero de 1990