'Carta de una desconocida'
1.00 - TVE-1 (86 minutos).El más destacado título de la corta etapa del cineasta alemán Max Ophüls en el cine norteamericano. Todavía más: uno de sus filmes más destacados, a la altura de Liebelei, La ronde y Lola Montes. Y aún más: una de las obras maestras del melodrama de todos los tiempos.Techo tan alto lo alcanza Ophüls (paréntesis: ¿para cuándo un ciclo, un ciclo serio, con versiones originales, sin adulteraciones en la banda sonora, sobre la figura de Ophüls, tan necesitada de una revisión exhaustiva?) mediante una pulsión romántica incomprable y la virtuosa exhibición de su puesta en escena.
Sabido es -o debería serlo- que Ophüls atrapaba el sentimiento, como Mizoguchi, a través de la fragilidad de la cámara, de sus movimientos suaves, casi invisibles, delicados, pero penetrantes y de feroz fuerza dramática.
Las imágenes son en Ophüls un objeto de porcelana que actúa sobre el espectador como una música para su espíritu. Y Carta de una desconocida es paradigma y cúspide de esa sensibilidad.
Tomando como base una obra de Stefan Zweig, la película, realizada en 1948, explora los límites de una pasión amorosa enmarcada en la Viena imperial, la que siente una joven por un galante y -hasta que una carta no le cree problemas de conciencia- despiadado pianista, una pasión que Ophüls nos transmitirá subrayando la intensidad de cada momento, la fugacidad de las sensaciones, la inexorabilidad del destino y la fatalidad de vivir un amor imposible.
En Carta de una desconocida, Ophüls tuvo su mejor oportunidad para recrear su amada Viena en Hollywood. y logró mediante la interpretación de Joan Fontaine componer uno de los mejores retratos de mujer de la historia del cine.
El filme, bajo el manto de unos decorados suntuosos y una aterciopelada estilización, esconde un abrasador fuego. Lo dicho: una obra maestra.


























































