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Crítica:

'El misterio de Oberwald'

01.00 - TVE- 1 (123 minutos).En 1980, uno de los más influyentes innovadores del cine moderno, Michelangelo Antonioni, decidió ensanchar, -gracias a la intervención de la actriz Monica Vitti, protagonista del filme-, las arcas de su incesante experimentar rodando una película en vídeo, luego adaptada al celuloide para su explotación comercial.

El conejillo de indias fue un texto de Jean Cocteau, El águila de dos cabezas -ya llevada a la pantalla en 1947 por el propio poeta-, carnaza melodramática idónea para una exploración de los sentimientos humanos ejecutada con sobriedad, penetración y austeridad extrema.

Pero el tema de la película es la estética. Antonioni bucea, sin miedo al exceso, en la importancia dramática del color, inagotable manantial de sensaciones, con los delirantes resultados que ya antes extrajera de Desierto rojo.

Así, los cielos podrán tornarse color calabaza y la hierba tomar el color del sol en una distorsión de la naturaleza y la realidad de fascinante belleza. Un experimento revolucionario, en fin, susceptible de agradar o no y más bien de manera radical pero de todo punto plausible. Tras él, el cineasta italiano, de precaria salud esta década, sólo ha realizado Identificación de una mujer -una excelente obra que pasó sin pena ni gloria entre nosotros- y esperemos que pueda rodar ya su tan anunciada The Crew.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de diciembre de 1989