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Los riesgos del corredor de fondo

Los recintos 'cardiosaludables' y el Teléfono del Corazón acaparan la atención del público la prevención

"Pues sí, como verduras, pescaíto ... sardinas y fruta", explica la menuda Eulalia con gracejo para demostrar que se cuida. Tiene 75 años y espera el turno para que el ordenador dictamine su riesgo de padecer enfermedad cardiovascular. "O sea, lo que no me gusta a mí", replica Santiago, de su misma edad, que se atiborra a huevos crudos, mantequilla y cerdo. Su cifra de colesterol en la sangre es fiel a sus hábitos alimenticios: 297 miligramos. Eulalia tiene 250. Ambos son valores excesivos de este tipo de grasa, un factor temible para el sufrido corazón. Ella, del madrileño distrito de San Blas, y él, del de Salamanca, han acudido al recinto cardiosaludable a pasar un rato con su propio corazón.

Santiago, jefe de personal retirado, es un hombre bien, que luce bigote blanco y expresión risueña. Ha acudido a uno de los dos recintos, instalados, durante esta Semana del Corazón en Madrid, porque aunque nunca ha estado enfermo, sintió curiosidad. Ha recogido una ficha que le facilita una azata uniformada. La primera estación es un gran pantalla de vídeo en el que se ve latir un corazón en directo. Son filmes educativos a los que los asistentes no prestan mucha atención, pendientes de pasar a hacerse las mediciones.Se trata después de alargar el brazo a un joven estudiante de enfermería que le toma la tensión: Santiago tiene 150-90. Y después, llega el fatídico colesterol. Un pinchazo en la yema del dedo y una pequeña máquina tarda un par de minutos en explicarle a Santiago dónde vá la mantequilla y los huevos que tanto le gustan. Existe un artefacto para estudiar a los fumadores y n joven sonriente: "·¿ejercicio practica?". "Ando mucho, toda la mañana", responde él, advirtiendo que dejó sus tres paquetes de tabaco diarios hace siete años y que se considera un hombre poco nervioso. El muchacho lo anota aplicadamente en la ficha, junto con el peso y la estatura.

Largas colas

Sólo queda que el ordenador que analiza 11 variables -ejercicio, tensión, colesterol y taba quismo entre ellas- le espete a Santiago que tiene un riesgo más elevado del normal de sufrir problemas cardiacos -"Es el colesterol", le rifle María Gracia, la joven -médica que vá repartiendo sentencias-. El anciano recibe un hoja en que, junto con sus datos, se le recomienda reducir su tensión y conservar su peso.

Fuera del recinto se ha formado una larga cola. Unas 400 personas desfilan cada día por allí desde el pasado domingo. Santiago ha esperado una hora a que le tocase el turno y los más, aún de mañana, un par de horas También las cuatro líneas y cuatro contestadores que funciona rán hasta el día 17 con el Teléfono del Corazón (900 131 133) están saturados. No hay manera de comunicar. Unas 200 personas llaman cada día desde todos los puntos de España. Cardiólogos y enfermeros especializados responden: "Tienes que evitar las carnes grasas, el alcohol, dejar de fumar y comer fruta, pescado blanco y azul, si tienes 260 de colestrol. Y controlártelo". Las preguntas indican, en general, escasa educación sanitaria, según los organizadores.. A cambio, el comunicante contesta a algunas cuestiones que servirán para un estudio. "La gente está preocupada por el corazón", asegura Cristina Careaga, coordinadora general de la Fundación Hispana de Cardiología, entidad organizadora de la semana, que ha instalado los dos locales y el teléfono. Cristina se lamenta- de la escasez de dinero, y de que Sanidad les haya retirado la subvención. Por doquier hay huchas para recoger donativos. "Podríamos instalar más recintos". Deberían. Los datos son elocuentes: uno de cada dos españoles muere por enfermedades cardiovasculares, y España es el país del mundo donde estas dolencias se han incrementado más, después de Rumania.

Los jóvenes escasean. Rafael, un taxista seriecito de 33 años, ha ido porque lleva "dos meses con dolor en el pecho". Estrés. "Hay que relajarse, hombre".Él se vá un tanto frustrado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de noviembre de 1989