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GENTE

Rosa María Sardà

La actriz debutará como directora en Barcelona

En Rosa i Maria, allá por los últimos setenta, Rosa María Sardà daba un do de pecho interpretativo que sirvió para que muchos la descubrieran como lo que es una artista como la copa de un pino con una capacidad de registro sensacional, capaz de hacer reír hasta las lágrimas con sus bromas de verdulera y de hacer brotar esas mismas lágrimas con una interpretación dramática que sacude las entrañas.Ayer, Rosa María Sardà se presentó ante los medios de comunicación en Barcelona con una faceta nueva, más allá o acá de sus actuaciones televisivas, de su Madre Coraje, de tantos y tantos papeles vividos y sudados bajo los focos. Rosa María Sardà ha puesto en escena Ai carai!, la primera comedia del dramaturgo catalán Josep Maria Benet i Jornet, y su espectáculo se estrenará en el prestigioso Teatre Lliure la próxima semana.

A la Sardà no le gusta teorizar sobre su nuevo status de directora teatral y habla de ello de manera displicente, áspera. Su símil para la dirección de escena conmueve por lo que tiene de sincero, revelador y humilde: "`Me considero más un sparring que un director de teatro". Feliz metáfora boxeística: un sparring, alguien que encaja para instruir a los demás, para mostrarles sus defectos y virtudes. Muchos directores consagrados y narcisistas deberían aprender de esta neófita de modales rudos que posee un concepto artesanal y secular del oficio. "Me gusta trabajar en esta casa porque todo se hace con las manos, con la verdad de las manos", dijo sobre el Teatre Lliure.

Los actores de Ai carai! se muestran encantados con ella y alaban sobre todo su comprensión y paciencia para con los problemas interpretativos. "La última responsabilidad, la más grande, es la de los actores", ha dicho la Sardà; "son los que finalmente dan la cara y van allá, ante el público, solos, los pobres".

La directora sabe bien del miedo del estreno, ese agridulce miedo que una actriz definíó como aleteo de mariposas en el estómago. Estos días lo vive de una manera algo distinta pero igualmente embriagadora, "una mezcla de pánico, respeto, amor y muchas otras cosas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de octubre de 1989