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España confirmó ante Polonia su bloque armado

Dicen que en el fútbol está todo inventado y Luis Suárez es uno de los convencidos de ello. A pesar de las pruebas que los entrenadores están haciendo en los clubes, cambiando quizá en exceso las posiciones de los jugadores internacionales, el seleccionador ha ido a lo práctico desde hace tiempo. Juega sobre seguro y es de alabar, en este país donde se improvisa tanto, que le haya servido la racha de buenos resultados en la fase previa del Mundial para encontrar un bloque en que apoyarse.Anoche, frente a un rival fuerte y ordenado, la selección española pareció un equipo bastante armado, que no necesita apenas retoques para estar en Italia. Enfrente estaban seis hombres del Legia de Varsovia, el equipo que empató hace una semana en el Camp Nou ante el Barcelona. Allí fue un partido oficial, pero tuvieron todas las oportunidades para brillar porque nadie les sujetó. Al revés que ayer. El encuentro era amistoso, pero sin facilidades.

No es que España hiciera una exhibición, pero, tras unos comienzos algo titubeantes, el equipo se asentó con su 4-4-2 clásico y, además, encontró la genialidad de Butragueño-Michel antes de los 20 minutos para jugar con más tranquilidad. Se trataba de un amistoso y no había que forzar. Por eso quizá sólo se vio un bosquejo de bloque, pero existió. No importa muchas veces ganar por la mínima si se convence. Ni siquiera importa que el partido fuera aburrido, especialmente en la segunda parte, porque influyeron los cuatro cambios.

Suárez se quejó en el descanso de que no se habían producido suficientes apoyos entre sus jugadores. Tal vez tuviera razón. Pero tampoco eran necesarios y se adivinó que pueden producirse en cuanto hagan falta. Zubizarreta, con una. defensa de verdad, no necesitó jugar de libero y sólo exhibió su experiencia para sacar con la mano dos disparos lejanos peligrosos de Warzycha.

Buena prueba de que un esquema armado no tiene por qué estropearse por un cambio -el primero, obligado fue la sustitución de Andrinúa. La entrada de Hierro sí fue como si se tratara de un partido oficial. Luego ya fueron oportunidades para los convocados. Pero únicamente cambiaron las palmas por los pitos, pues el público coruñés aún no ha olvidado la eliminación en la pasada Copa del Deportivo ante el Valladolid, donde militaba el ahora central madridista. Después siguieron con la entrada de Minguela. Pero en el caso de Hierro gran parte de los aficionados incluso tuvieron que rendirse a la evidencia y le aplaudieron sus continuos aciertos. En cualquier caso Suárez se mostró muy contrariado por la reacción inicial de los espectadores. "No tenía sentido su proceder", afirmó.

La defensa española estuvo magnífica, con Sanchis sobrado incluso en la segunda parte para marcar de no haber sido derribado al entrar en el área. Jiménez y Chendo no dejaron resquicios en los laterales. Y esta base se vio favorecida desde el medio del campo, donde incluso Butragueño y Manolo empezaron ya a cerrar los intentos de progresión polacos. La presión. española fue muy eficaz y no dejó maniobrar a un fuerte rival. Ahí estuvo la parte real del partido, la que vale para Hungría. Después, la descompensación de la segunda mitad fue lógica y sobró. Ni siquiera importó el gol anulado a Manolo o que el rojiblanco fallara otra ocasión; tampoco que Salinas no diera una a derechas y que hiciera perderse aún más a un Butragueño que había hecho ya de Curro Romero; o que Minguela y Eusebio entraran sólo para que descansaran Villarroya y Michel.

Pero los partidos amistosos son para eso, para probar. Suárez perdió el primero, el de' su debú, con Yugoslavia y empató el segundo, con Argentina. Esta vez incluso ganó y en su tierra. No puede pedir mucho más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de septiembre de 1989

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