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Inquietud en el mundo del fútbol por la sentencia de Heysel

FÉLIX MONTEIRA, El juez titular de la Sala 48 del Tribunal Correccional de Bruselas hará pública hoy la sentencia contra los inculpados en la tragedía del estadio de Heysel, donde el 29 de mayo de 1985 una carga p:rovocada por hinchas del Líverpool provocó 39 muertos y cientos de heridos. La Unión de Asoclaciones Europeas de Fútbol (UEFA) y los clubes futbolísticos esperan preocupados el dictarnen de la justicia contra la violencia en los campos, que llega cuando aún están cerca los 95 muertos de Sheffield.

Aunque la magistratura belga guarda un celoso silencio sobre el resultado de un juicio largo y plagado de tecnicismos, mediosjurídicos consultados apuestan por un desenlace clemente, impuesto por lL falta de pruebas concluyentes,i por las lagunas legales para sancionar delitos de naturaleza colectiva.

A las 8.4.5 de hoy, el juez Verlynde, titul ar de la Sala 48 del Tribunal Corieccional de Bruselas, dará comienzo a la lectura pública de la sentencia contra los inculpados (te la tragedia de Heysel.

En el banquillo, 24 hooligans del Liverpool y los responsables de la UEFA, de la Federación Belga de Fútbol y de las fuerzas de seguridad que tenían a su cargo el mantenimiento del orden dentro y fuera del campo. Todos ellos pueden ser condenados porsu responsabilidad directa o indirecta en los actos violentos que acabaron con la vida de 39 personas (34 italianos, dos -belgas, dos franceses y un británico), con centenares de heridos, algunos con secuelas para toda la vida.

De los 26 hooligans inculpados, sólo 24 han sido llevados ante la justicia belga, porque los otros dos cumplían penas por otros delitos en el Reino Unido. Las pruebas reunidas por la policía, los testimonios de los testigos y los innumerables documentos gráficos aportados a un sumario de 50.000 páginas se han ido diluyendo a lo largo de las sesiones.

Los abogados defensores explotaron con maestría las contradicciones entre los documentos gráficos y los testigos. El Código Penal belga adolece de debilidad a la hora de castigar delitos de autoría colectiva. Y hoy casi nadie menciona los 10 afflos de prisión que, como castigo ejemplar, se anunció que podía imponerse a los inculpados.

En el banquillo de los acusados comparecieron también el secretario general de la UEFA, Jaeques George, y el entonces secretario general de la Federación Belga de Fútbol, Albert Roosens.

De entre los responsables de las ftierzas de seguridad, el capitán Johan Mahieu, jefe de los 79 gendarmes que vigilaban la fatídica tribuna Z, es el eslabón más débil. »

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de abril de 1989

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