Plácido Domingo,

investido el pasado jueves doctor honoris causa por la universidad Complutense de Madrid, manifestó el viernes en Sevilla, poco antes de asistir a una corrida de toros en la Maestranza, que si alguna profesión es más arriesgada que la de cantante, es la de torero. El tenor, que subrayó el valor de Curro Romero, que toreó esa tarde, se mostró partidario de amputar las astas a los toros. "Ya es demasiado el riesgo de que se te venga encima una mole de 500 kilos", dijo Domingo. Por otra parte, el tenor protagonizó un gesto humanitario hace dos semanas al invitar al estreno de Fedora, celebrado el 6 de abril en Madrid, a una ciudadana británica que, a pesar de haber perdido una pierna como consecuencia de un cáncer de hueso, mantiene vivo su fervor operístico y no suele perderse las actuaciones de los grandes divos. Fue precisamente con motivo de alguna actuación en el Covent Garden de Londres cuando Domingo conoció a la melómana británica y a su esposo, Victor Shackleton. "Plácido quedó impresionado de la determinación de mi esposa a viajar a causa de la ópera", manifiesta su esposo. Pero, a finales de marzo, el asombro de la señora Shackleton "fue indescriptible" cuando, al descolgar el teléfono de su casa, situada en un pueblo cercano a Manchester, una llamada del teatro de la Zarzuela de Madrid le comunicó que tenía a su disposición dos entradas libres de cargas para asistir a la presentación de Fedora.

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