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ATLETISMO

Johnson y su entrenador discutieron en 1988 por el consumo de anabolizantes

Al velocista canadiense Ben Johnson le pesaba mucho que el público se enterara de que estaba consumiendo esteroides anabolizantes. Según Ross Earl, amigo de Johnson y su asesor económico, el miedo fue tal que contribuyó a una fuerte polémica en 1988 entre el atleta y su entrenador, Charlie Francis. Earl, testigo de la encuesta Dubin, organizada por el Gobierno canadiense para investigar el consumo de drogas en el deporte, también declaró que Johnson fue capaz de negociar la compra y venta de una propiedad y gozar más de 620.000 dólares en beneficios, cerca de 72 millones de pesetas.

Earl es otro de los que desmienten las declaraciones de Johnson, quien ha reclamado que nunca consumió drogas conscientemente. Según Earl, Johnson y Francis se pelearon en junio de 1988, pocos meses antes de los Juegos Olímpicos de Seúl, cuando Johnson decidió viajar a la isla caribeña de Saint Kitts para recuperarse de una lesión. Poco después un periódico publicó declaraciones de Francis en las que afirmaba: "Ben estará consumiendo una gran cantidad de esteroides anabolizantes en Saint Kitts".Earl dijo que Johnson quedó molesto y preocupado, y que trató de reunirse con él para arreglar la controversia "Yo le dije a Ben: '¿Crees sinceramente que Charlie haría un comentario como ése?'. Él dijo que no".

Reconcillación

Earl afirmó que consiguió que se reunieran Francis y Johnson, y ellos pactaron no hablar más a la Prensa sobre el tema de las drogas. "Salieron cogidos de la mano", dijo.Earl, un maestro de colegio de 47 años de edad, es el fundador del club de atletismo al que pertenecía Johnson y otros miembros del equipo nacional canadiense. Pero Earl dijo que no tenía razones para sospechar que otros atletas también estaban consumiendo drogas.

Anteriormente, en la encuesta Dubin, el abogado que representa a Johnson intentó pintar la imagen de un joven atleta despistado y no muy listo. Earl declaró cómo Johnson habló con él sobre la compra de una propiedad en un barrio caro al norte de Toronto y cómo contrató a un arquitecto y completó las gestiones de la hipoteca. La casa nunca se levantó, pero Johnson consiguió vender la propiedad y cobrar 620.000 dólares en beneficios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de abril de 1989