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Vida precoz

La asistencia domiciliaria permite que los niños prematuros se incorporen más pronto a su hogar

"Primero, la euforia, y luego, el miedo". Esto es lo que sintió Maribel cuando por primera vez se vio a solas en su casa con su hija María, que hoy, dos semanas después de su nacimiento, pesa ya 1.845 gramos. Su madre escucha los consejos de la enfermera que la visitará en su domicilio hasta que la niña ronde los 2,5 kilos. María es uno de los 150 niños que han sido dados de alta precozmente durante los dos últimos años por el servicio de neonatología del hospital materno-infantil de la Clínica Doce de Octubre, de Madrid. Todos ellos nacieron bajos de peso y fueron enviados a sus hogares cuando superaron los 1.800 gramos.

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El peso mínimo requerido normalmente para que un niño prematuro abandone el hospital es de 2,2 Kilos. Hasta que alcanzan esa mágica cifra los niños nacidos precozmente permanecen protegidos dentro de la atmósfera artificial de las incubadoras. El estudio realizado en el hospital Doce de Octubre, en cambio, parte de la base de que si los niños están sanos se encuentran mejor en casa y con la madre que en ningún otro sitio."No te asustes si alguna vez, al echar el aire, expulsa un poco de leche. Es normal", advierte la enfermera a la madre de Maria, al tiempo que le pregunta: "¿Te echa bien el aire?". Maribel está ya hoy más tranquila. La niña pasó bien su primera noche en casa. Ella, en cambio, no durmió, "porque quería aprender a oírla y a captar su respiración".

La enfermera toma la temperatura a María, la desnuda, la limpia, la pesa... La niña se estira y lloriquea. No se deja vestir. "Fíjate, con las tallas más pequeñas y le sobra por todas partes", comenta su madre, aún sorprendida de tener una hija que parece que se le va a escurrir entre las manos.

Requisitos

Para irse a casa antes de lo habitual debían cumplir dos requisitos: mantener una temperatura normal y alimentarse bien por boca, además de no presentar ningún tipo de patología.

La doctora María José Martín Puerto ha dirigido el estudio con el que trataba de demostrar que la hospitalización a domicilio para niños de menos de dos kilos "no aumenta la morbimortalidad, incrementa la ganancia de peso, estimula la relación afectiva padres-hijos, evita los riesgos derivados de la propia hospitalización y permite una mejor disponibilidad del personal sanitario para ocuparse de aquellos niños enfermos que realmente necesiten permanecer internados".

"Se requiere la colaboración de los padres, que suele ser excelente", dice la pediatra. Además, una asistente social elabora un informe en el que aconseja o no el alta de ese niño prematuro, según las condiciones familiares. Los padres disponen de un teléfono permanente con el servicio de neonatología. Entre todos los niños dados de alta, sólo dos hubieron de reingresar temporalmente en ese servicio a causa de alguna afección poco importante.

Aun así, no todas las familias quieren tener a su hijo en casa hasta que no haya ganado más peso. A María José le entregaron a su hija Carlota cuando ésta sólo pesaba 1.900 gramos. Muchos familiares y amigos consideraban una locura que volviese a su domicilio con un ser tan pequeño en los brazos. "La primera vez que lo coges piensas que se te va a caer, y eso que yo no era primeriza".

Su caso fue uno de los primeros sometidos al alta precoz. Su hija tiene hoy más de dos años y se ha desarrollado sin problemas. María José cree positivo que los niños bajos de peso sean dados de alta cuanto antes si no presentan problemas específicos "y los dos padres muestran una predisposición total".

La doctora Martín Puerto afirma que la atención domiciliaria de los niños de bajo peso se inscribe dentro de la tendencia general en favor de una humanización de la atención hospitalaria. Opina que este tipo de prestaciones podría extenderse a niños considerados de riesgo social, como los hijos de toxicómanas, o a aquellos que presenten una patología respiratoria crónica, que pueda ser tratada en el propio domicilio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de febrero de 1989