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Tribuna

Y el índice se olvidó de la bolsa

No se puede tener todo, sería demasiado fácil. Y, desde luego, los mercados de valores no están dispuestos a poner las cosas demasiado fáciles a inversores y operadores. El volumen de negocio y las expectativas de mercado siguen jugando en contra por lo que hay que buscar otros puntos de referencia o abandonar el mercado. Esa selección de motivos y partícipes puede forjarse a golpe de palos de ciego, de protagonismos sin guión y de malas imitaciones; pero en el intervalo algunos saldrán ganando.La ganancia de ayer fue para el índice y para los valores que pueden apoyarse en lo que ocurre en otras plazas. El año no ha comenzado mal para los mercados internacionales y, en caso de apuro, su evolución podría marcar el rumbo aquí. Se ha. utilizado en otras ocasiones; claro que el problema de bailar al son de otra pandereta es que no se puede controlar ni el ritmo ni la duración de la puesta en escena. Además, no a todos les está permitido entrar en esa fiesta. Con todo, ése fue el sistema utilizado ayer por el par de valores que fijan su precio en Nueva York para emprender la escalada.

El reflejo de Nueva York sirvió para animar algo la contratación de un pequeño grupo de valores industriales al concluir el corro de constructoras, gracias al calor de un dinero extranjero que bien podría ser sólo calderilla.

La animación, más de palabra que de hecho, quería apoyarse también en el final efectivo de las vacaciones; en la estabilidad a muy corto plazo de los tipos de interés y en la futura recompra de las ventas a crédito. Todas esas excusas sirvieron para inclinar el índice hacia el lado positivo; mientras, la bolsa cerraba en un silencio casi sepulcral.

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