Malos días
Me cuentan que mi amigo Joan Vílchez, estos días, se va al paro. No es un suceso dramático para él: tendrá el subsidio y es cuestión de poco tiempo que su consulta como psicólogo y sexólogo le permita vivir de su trabajo honrado y entusiasta. Me temo, sin embargo, que el suceso merezca ser considerado como un drama para la colectividad. Joan Vílchez venía ejerciendo como sexólogo en un centro de planificación familiar, público, de Valencia. La eliminación de su puesto de trabajo supone un paso más en la liquidación de las esperanzas de que este tipo de centros llegue a considerar la sexualidad como una feliz y maltratada dimensión de la persona, y no como una ocasión de despachar anovulatorios o instalar DIU en cuerpos anónimos. Estos días, los medios de comunicación se han hecho eco de la negativa de los farmacéuticos de Bailén a vender preservativos. Se podría tener la impresión de que sólo en Bailén van mal las cosas. Sin embargo, no es la tecnología antirreproductiva lo que más necesita la persona, sino la posibilidad de comentar su sexualidad con alguien cuando se le presenta como problema para ella o para otros, en lugar de constituir Sencilla ocasión de goce.Joan Vílchez es uno de los pocos varones que ha afrontado la inexcusable obligación de organizar grupos de reflexión de hombres para buscar la vivencia auténtica por debajo del papel, de la angustia o de la fanfarronada. Una coincidencia particularmente odiosa es que estos días José Lozoya, otro pionero de nuestro modesto movimiento de reflexión masculina, vaya a verse envuelto en un anacrónico proceso por aborto en Sevilla. Estos días son malos días. Cuando la sanidad pública expulsa de sí lo que la sociedad demanda es que las cosas andan muy mal. No pido justicia, donativos ni solidaridad siquiera, sino lucidez, la del administrado, ya que no parece tenerla el administrador.- .
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