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Juan Mejía Baca

De violinista ambulante a director de la Biblioteca Nacional de Perú

Ha desempeñado, y desempeña, un papel importante en la literatura peruana de nuestro siglo. No es escritor y considera que saber leer es más difícil que escribir un libro. Empezó como músico de una orquesta de tangos, luego fue librero, más tarde editor y ahora es director de la Biblioteca Nacional de Perú. Como editor ha publicado a 145 autores peruanos, bajo su propio riesgo. Con casi 77 años se ha propuesto hacer de la biblioteca un ente vivo. En Madrid asiste al congreso sobre César Vallejo.

Juan Mejía Baca ha vivido la literatura desde todos los flancos menos del de creador. Ha sido, ante todo, lector incansable; como librero no sólo logró siempre tener las últimas novedades de la literatura internacional y conseguir los libros inencontrables, sino convocar alrededor de su tienda una especie de tertulia constante, con sucursal en el café de la esquina, con los más destacados intelectuales peruanos de más de cuatro décadas. "Siempre fui un lector", dice. "De lector pasé a librero, y de librero, a editor. Es casi lo mismo, es sólo como subir una grada; luego pasé a la Biblioteca Nacional. No quiero decir que esto sea una carrera o un camino: ha sido sólo mi vida", dice."Yo inicié estudios de Medicina y luego seguí dos años de Letras y Ciencias Políticas, pero no terminé ninguna. Para ganarme la vida empecé a trabajar en orquestas tocando piano, guitarra y violín. El violín era mi instrumento, y yo ocupé luego la plaza que dejó el poeta Alfonso de Silva, que era segundo violín en una orquesta de tangos. Llegué a acompañar a Libertad Lamarque la primera vez que fue al Perú, en el año l934", recuerda.

"No solamente por razones universitarias, sino como lector que fui toda mi vida, me relacioné desde mi llegada a Lima de Chiclayo, en 1930, con escritores e intelectuales. Si no fue por la universidad fue por la alcahuetería de la musiquita, que me permitía estar tanto en piso de tierra como en piso de mármol, que me relacioné con todo tipo de gente. Como músico gané más dinero que en ninguna actividad posterior".

"El libro ha sido siempre muy importante para mí, tanto que me he permitido a través de él hacer una definición más del ser humano. El hombre es el único animal que lee. El loro puede hablar, el mono puede jugar, la hiena se ríe, pero no hay ningún animal que lea".

"Yo les digo a mis amigos: es más fácil escribir un libro que leerlo. No es fácil iniciar el camino del saber leer. No sólo por los conocimientos que trae un libro, sino por la belleza. He tratado de demostrarlo con el ejercicio del oficio de librero y también como editor. Yo he editado 145 autores peruanos hasta el momento. Nunca he recibido una peseta para financiar esto, y muchas de estas obras me han costado mucho dinero, que nunca he tenido ni he ambicionado tener. Porque tengo otra riqueza que no se devalúa, ni nadie se lo roba, ni tampoco se estatiza. En mi tierra, la gente tiene refranes de un gran sabiduría; dicen: 'Estando con salud, aunque uno se enferme'. La integridad es la salud, la enfermedad es transitoria".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de noviembre de 1988