Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Poetas

Sé que soy poeta, y buena, lo siento; que es el mayor conocimiento sentir.La trágica situación de la poesía en el inundo y un cúmulo de circunstancias parecidas ha hecho de mí algo peor que un muerto, algo peor que un pordiosero. Sé que estoy en mi derecho, y hasta yo diría en mi deber, de pedir una explicación pública, ¡de exigir una explicación! Un albañil, un carpintero lo hubieran hecho, apoyados además por la fuerza colectiva de los de su mismo oficio.,

Tendría que ser una suicida, pero no tengo el valor de ser la perdedora total que se resigna a la derrota, última. Así que lo mismo que harían el carpintero o el albañil, para que no les oigan, para que no les hagan justicia, hablaremos:

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Es lógico pensar que si el mundo no necesitara carpinteros o albañiles, éstos no deberían soñar ser retribuidos por trabajos que a los demás no sirven. ¿Y quién dice que la poesía sea otra cosa que una obra de albañilería o el mueble de un carpintero? ¿Los pedantes que constituyen elites para sentirse como Dios, distinto e inaccesible?

Lo que se escribe a empujones del destino, ¡qué más quisiera yo que no hacerlo!, se os demostrará tan imprescindible como casa que el albañil construye, puerta que coloca el carpintero, cuando no haya remedio: cuando seáis el infame montón de escombros que estáis pidiendo a gritos.

¡Ah! Ya sé. Hay unos premios, no limosnas a cambio de la estrofa del mendigo, a cambio del canto del ciego, intitulados: Ayuda a la creación literaria. ¿Pero me van a negar que están todos concedidos? Sólo el universitario de turno o la firma recomendada y hasta la reconocida. Además, que no es solución la limosna, o sea el premio. Toda esa importancia sabida que es la de ser un cargo público o empleado del Gobierno, o empleado de cualquier empresa: Gobierno dentro del Gobierno, caja en la caja. ¡No vive de limosnas: vive de sueldos! Quizá ellos sean más no en número sino en categoría. ¿A quién incumbe que las estúpidas alondras del desierto hagamos poesía?

Yo, por mi parte, dudo que sea justo lo grandemente remunerado de vuestros pobres hechos. ¡Y hasta dudo que sirvan para algo éstos! Un sueldo para todos, señores; una categoría profesional para todos pido. ¿A qué ese afán por masacrar, marcar, como parásito, inútil a quiental vez en un día trabajó con más ímpetu y acierto que vosotros en todos los vuestros? ¿Puede que yo y los míos merezcamos morir de inanición contemplando cómo todos comen ¡y hasta del plato que era nuestro!? Tal vez es que esta sociedad y puede que todas las del mundo -o sea sus mandatarios, sus doctores- posean eso que es atributo de Dios, y piensa el Papa también suyo: el infalible juicio que decide quién ha de ser un muerto, un vivo; quién ha de tener un sueldo, una miseria; quién ha de ser respetado o envilecido.

Si Dios se cree más alto en vida que el hombre al que priva de ella. ¿Qué puede hacer el hombre? Escupirlo. Toda la muerte que le anega.-

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