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Huelga en Poprtugal

LA HUELGA general que ha paralizado el transporte y otras ramas de la economía portuguesa el 28 de marzo es un acontecimiento que, aparte de su importancia en el plano social, tiene una especial significación política en un momento en que crecen las críticas, en los medios parlamentarios, contra los métodos autoritarios del jefe del Gobierno, el socialdemócrata Cavaco Silva. Al margen de la disputa de cifras sobre los porcentajes de participación, la huelga ha puesto de relieve el descontento profundo de amplias capas de trabajadores por la política social del Gobierno. Por otra parte, el hecho más sorprendente es que la huelga ha sido convocada conjuntamente por las dos principales centrales sindicales, la Confederación General de Trabajadores, comunista, y la Unión General de Trabajadores, socialista. Jamás en la historia reciente se había producido tal coincidencia, facilitada sin duda por una cierta radicalización operada en el Partido Socialista Portugués (PSP) desde su paso a la oposición y desde el relevo en la dirección de Mario Soares, actual presidente de la República.Al triunfar la democracia, en 1974, la influencia dominante del partido comunista en los centros de trabajo determiné que la Intersindical Nacional -creada por él a partir de las posiciones conquistadas en la ilegalidad en las estructuras sindicales oficiales de la dictadura- se convirtiese por ley en la única organización sindical reconocida por el Estado. Esa unidad sindical impuesta se hizo inviable desde el momento en que comunistas y socialistas empezaron a tener políticas diferentes. Pero el surgimiento de sindicatos de inspiración socialista -que en 1978 formaron la UGT- y el reconocimiento legal de la pluralidad sindical dieron lugar a batallas enconadas, que han dejado heridas abiertas. Estos antecedentes realzan el valor de la unidad plasmada el 28 de marzo.

La causa decisiva de la huelga ha sido la decisión del Gobierno de modificar radicalmente la legislación que asegura la permanencia de los trabajadores en sus empleos. El ministro de Trabajo ha declarado de manera clara: "Hay que acabar con el mito del empleo estable". Es cierto que las leyes dictadas después del triunfo de la democracia contenían disposiciones sociales muy avanzadas y que hicieron del despido casi un imposible. Ahora, Cavaco Silva argumenta que para europeizar la empresa portuguesa y elevar la productividad es imprescindible otorgar a los empresarios facilidades para despedir a sus obreros. Pero la realidad económica es más compleja: casi un millón de personas (un cuarto de los asalariados) trabajan en, la economía paralela y no tienen protección contra el despido. Por otra parte, la seguridad en el empleo ha sido considerada por los trabajadores como una especie de compensación por un nivel bajo de retribución. ¿Por qué empezar la europeización por los despidos? Uno de los lemas de la huelga ha sido: "No a un paro europeo con salarios portugueses".

El debate en el Parlamento sobre la ley del Gobierno comenzará el 14 de abril. Los sindicatos han anunciado nuevas acciones. El partido socialdemócrata de Cavaco tiene mayoría absoluta en el Parlamento y se muestra alérgico al diálogo. Por ello, los sindicatos, así como los partidos socialista y comunista, se lanzan a la calle para arrancar del Gobierno modificaciones en el proyecto de ley. Posibilidad que el propio Cavaco no ha rechazado después de la huelga general.

En cuanto al partido socialista, acaba de iniciar, con su nuevo líder, Víctor Constancio, la etapa del possoarismo. Su VII congreso, celebrado el mes pasado, puso de relieve una voluntad de recuperar el contenido popular y socialista que se ha ido desdibujando durante los últimos años, y de disputar a los comunistas el protagonismo en la oposición. Aceptando la integración europea, Constancio quiere colocar al PSP al frente de la izquierda democrática, incorporando fuerzas nuevas, en particular jóvenes y mujeres. Tal objetivo exige, obviamente, que el PSP incremente su preocupación por las luchas sociales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 30 de marzo de 1988.

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