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Miguel Ángel Solá

El reencuentro con el teatro de un argentino en España

Llevaba cinco años sin pisar un escenario de teatro tras una parálisis producida por una fortísima deshidratación. Ayer, Miguel Ángel Solá, considerado uno de los mejores actores argentinos del momento, subió al María Guerrero de Madrid para interpretar a Marco Antonio en la obra Julio César, dirigida por Lluís Pasqual Tras su enfermedad, Solá, nacido hace 37 años en Buenos Aires en una familia con una larguísima tradición de artistas, intentó buscar en el cine la sustitución al teatro y ha sido protagonista obligado en las mejores películas argentinas de los últimos años.

Es nieto de catalán y novena generación de artistas. Su abuelo, Juan Vehil, era abogado en Barcelona y estudiaba arquitectura cuando un día pasó un circo por su casa y se escapó con él. Más tarde, instalado en Buenos Aires, se convirtió en un gran actor, se casó con una actriz y tuvo tres hijos que también se dedicaron a esta profesión. De niño odiaba el teatro porque lo separaba de su madre, también actriz. Hoy siente calentura" por él. Su primera prueba la hizo a los 21 años nada más terminar los estudios de Relaciones Humanas en la Universidad, y desde entonces empecé a sentir calentura por el teatro".Durante los años de su enfermedad ha creado cooperativas de actores de teatro, como la llamada Típica en Leve Ascenso, fundada hace tres años y formada por 15 actores, y ha trabajado para el cine y la televisión. "Al principio me aburría, pero al final ha terminado por gustarme". En el cine ha trabajado en No habrá más penas ni olvido; ha hecho de comisario de policía autor del crimen en Asesinato en el Senado de la nación, por el que obtuvo el coral al mejor actor en el Festival de La Habana; ha protagonizado El exilio de Gardel, dirigida por Fernando Solas, y acaba de filmar en Buenos Aires Sur, preseleccionada para representar a su país en la próxima edición del festival de Cannes, informa Carlos Ares.

Tiene los pelos de punta y un hablar tranquilo y ordenado. Fue contratado por Lluís Pasqual para el papel de Marco Antonio el año pasado en la capital argentina, y al principio tuvo momentos de duda porque se encontraba metido en un proceso de compra de unos terrenos para instalar un teatro. Vive en el campo porque la ciudad "me tensa mucho" y tiene una afición muy particular: coleccionar sonidos. Sólo desde su llegada a Madrid hace mes y medio ha grabado cerca de 80 cintas magnetofónicas de 90 minutos de duración con los más variados sonidos, desde una gota de agua hasta el paso del viento, el paso de los autobuses o una reunión de gente en conversación.

Pero si esto de los sonidos puede considerarse una pasión, hay algo que le supera: la construcción de teatros. Quiere crear un teatro en cada ciudad o pueblo donde viva. "Donde yo esté habrá siempre un teatro; quiero dejar eso a mi país", dice Miguel Ángel, quien como actor se considera en la obligación de devolver algo, en este caso el teatro, a quien te ha dado de comer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de marzo de 1988