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CARTAS AL DIRECTOR

Negocio de armas

Se sabía desde 1983, pero tanto el presidente del Gobierno como el ministro de Industria -anterior presidente del INI- lo negaban o desviaban responsabilidades. Se exigían además denuncias concretas, no meras insinuaciones, en temas que se torpedeaba investigar por ser materia reservada. Y había pruebas concluyentes de indicios de responsabilidad. El asunto era que había empresas españolas -públicas y privadas- implicadas en el tráfico de armas a ambos contendientes de una misma guerra, Irán e Irak. Y por ello mismo, estas empresas se convertían en auténticos buitres del negocio de la muerte.Hoy hay evidencias aparentemente irrefutables. Pero no pasa nada. Nadie, implicado, dice nada. Nadie se mueve en la foto. Ningún miembro del Gobierno, ningún alto directivo público o privado, ningún consejero de Santa Bárbara, Gamesa, ERT o el INI, etcétera.

No es extraño. Es enternecedor contemplar, en conversaciones de café, el drama privado de antiguos radicales de izquierda avalando con decisiones o con su silencio de complicidad directiva estas actuaciones, cuando su corazón, dicen, está donde siempre. Y también hay que admirar la pasión y la eficacia con la que estos progres reconvertidos a la modernidad defienden el criterio patriótico de que esto es un negocio, y si no estás en él, otro va a coger tu lugar, porque la guerra es virus recurrente de la historia. Y además, querido, está lo del empleo, y siempre la fabricación y el uso de las armas ha sido una gran ayuda para corregir las estadísticas del paro y la miseria.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 1988