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Hora punta, hora trágica

El final de la hora punta vespertina en la estación de metro de King's Cross se convirtió el miércoles en un infierno de calor y humo en el que el milagro fue que no hubiera más muertos. "Horroroso", "indescriptible", "aterrador" son los términos empleados por los viajeros para referirse a su trágica experiencia.

Transeúntes que se encontraban en la estación poco antes de las ocho de la tarde, cuando comenzó el fuego, han contado cómo percibieron llamas debajo de una escalera mecánica de madera. En un principio no se les hizo mayor caso pero, llegado un momento, el pánico se apoderó de los viajeros.

El personal a cargo de la estación se vio inmediatamente desbordado y el desconcierto le llevó a dirigir al público hacia el núcleo del fuego. En los primeros minutos incluso los trenes continuaron dejando pasajeros en los andenes.

El humo, denso y acre, se extendió enseguida por el laberinto que constituye King's Cross, y el público no podía encontrar la salida. Quienes se dirigieron hacia la zona de las taquillas lo hicieron hacia la muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de noviembre de 1987