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TVE emite un documental basado en el libro 'Cabeza de turco'

Durante dos años y medio, el periodista alemán Günter Wallraff, conocido en el mundo por sus explosivos y temibles reportajes y por el heterodoxo y controvertido sistema utilizado para conseguirlos, asumió la personalidad de un obrero turco en Alemania Occidental. Esta experiencia se tradujo en un libro, Cabeza de turco, traducido a varios idiomas, y en un filme documental, que emite hoy TVE-2 en el espacio Documentos TV, realizado con la colaboración de, Jörg Gfrörer y el recurso a una cámara y micrófonos ocultos.

En Cabeza de turco, Wallraff -que es el realizador efectivo, pese a la complicidad de Gfrörer, disfrazado para la ocasión de inmigrado italiano-, interpreta convincentemente al turco Alí, se sumerge entre los más débiles y despojados y comienza a levantar lapidarias actas de lo que ve y oye. "He querido hacerme cómplice", afirmó Wallraff en el proceso entablado contra él por el Ministerio del Interior por usurpación de funciones, "para poder lanzar una mirada más allá del muro de camuflaje, de subterfugios y mentiras. El método que he elegido era muy poco ilegal en relación a los subterfugios y las maniobras ilegales que de este modo he desvelado".Pese a todo, a la bondad de los fines perseguidos, al método de Wallraff no le faltan críticos. Al margen de la cámara oculta, Wallraff no duda en acudir en Cabeza de turco a ciertas trampas para conseguir que los personajes caigan en la emboscada y muestren ante la cámara su verdadero rostro. Uno de los pasajes más estremecedores del filme (que toma sólo una parte del libro del mismo título) se consiguió con la asistencia de un cepo bien preparado. Dos amigos de Wallraff se hicieron pasar por directivos de la central nuclear de Wurgassen y, fingiendo un fallo en las instalaciones, convencieron a un contratista llamado Vogel en el filme, versión moderna del antiguo negrero, para que contratase discretamente a seis turcos y los enviase a la zona fuertemente contaminada de la central para realizar trabajos de limpieza susceptibles de acarrear una grave exposición a la radiación; más tarde, el contratista, que se confiesa socialdemócrata, debía procurar la salida precautoria de los turcos en dirección a su país de origen. Con el cebo de una suma considerable de dinero, Vogel, que en la vida real se llama Adler y ha interpuesto varias demandas a Wallraff por "violaciones de la confidencialidad de la imagen y de la palabra", aceptó, como lo prueban notarialmente las tremendas imágenes recogidas por WalIraff y Gfrörer.

La calidad de la imagen es mala; la iluminación, deficiente; los encuadres están, lógicamente, forzados, y han tenido que añadirse subtítulos para compensar la en ocasiones la mediocre audición. Pero el documento, que ha sido presentado en varios festivales, como el de Cannes conserva su fuerza perturbadora, la contundencia de su acusación a un sistema que alberga naturalmente en su interior nuevas formas de explotación esclavista.

Cabeza de turco se emite hoy a las 22.55 por TVE-1.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de noviembre de 1987