Pido un micrófono
Ante el anunciado debate sobre la reforma de las enseñanzas no universitarias (curiosa definición), me atrevo a utilizar su períódico para que en la posible polémica de expertos se tengan también presentes las condiciones en las que impartimos las clases. Lejos de mí la osadía de opinar sobre la reforma en sí, tan sólo soy una profesora de Historia de instituto: lo que yo pido es un micrófono.Como ahora, en verano, hay menos actividad política, podría encargarse a un periodista quie tratara de averiguar si en algún departamento del Ministerio cle Educación se sabe cuántos profesores -en general, profesoras- están operados de cuerdas vocales, si alguien sabe cuántas horas de clase se pierden -en especial los viernes- por afonías, si algún sindicato mayonitario o minoritario -eso si que es un misterio, pues nunca tuvimos elecciones- ha iniciado los trá-
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